
Podría decir que los momentos previos a los partidos de rugby son vitales para el desarrollo de los mismos. Hay entrenadores que prefieren hacer sus charlas en el vestuario, recordando lo que ya fue hablado en los entrenamientos de la semana. Generalmente se refuerzan algunos pocos conceptos y en todo caso se refuerzan los temas psicológicos. Es decir el entrenador prepara psíquicamente a sus dirigidos, los enchufa, le pide concentración, les recuerda a cada uno de sus jugadores que es lo que espera.
Podríamos en este punto insistir en algunas cuestiones que ya hemos tenido en cuenta, por ejemplo aquello de deseo versus voluntad.
El ser humano tiene dos combustibles para su funcionamiento, uno de un octanaje extraordinario y otro de un octanaje pobre. El deseo es el combustible mejor, con deseo se desarrolla la acción de una manera superlativa. El combustible de octanaje pobre es la voluntad. Con voluntad vamos a algún lugar, pero no tan lejos ni tan rápido. Pero para tener más deseo que voluntad es necesario estar muy bien entrenado, ya que el jugador en excelente estado físico piensa mejor, no se desanima y puede desear durante los 80 minutos del partido de la misma forma, con la misma intensidad y tiene mejores armas para superar los contratiempos del juego.
Hay algunas frases como: “Ahora hay que poner huevos”, “Tenemos que hacer de tripas corazón”, que apuntan directamente a la voluntad. Digamos que es tan difícil hacer de los pedazos de tripas un corazón que seguramente el corazón que nos salga será cualquier cosa menos un corazón que nos sirva para algo. He escuchado arengas de entretiempo, arengas de capitanes y entrenadores antes de salir a la cancha que apuntan directamente a la voluntad y poco al deseo. Para decirlo simplemente diría que la arenga apunta siempre a la voluntad, porque estoy convencido que el deseo no necesita ni siquiera de la arenga. La arenga válida sería algo como: “Vamos a ganar porque nadie en el mundo desea más que nosotros este triunfo”, “vamos a ganar porque soñamos con este triunfo”, “vamos a ganar porque trabajamos concientemente para triunfar”. Esto es mas o menos poner el deseo por sobre el deber. De esta manera lograremos en cada jugador y en el grupo un dialogo interno positivo, es decir con la primacía del deseo se lograría el convencimiento y el pensamiento positivo.
Si no deseáramos desperdiciar los momentos previos del partido y si queremos sacar lo positivo de este tiempo, necesitaríamos pensar a qué es necesario apuntar para generar las endorfinas suficientes para entrar con todo y jugar con todo los primeros minutos del partido. Hay rituales que enchufan a los jugadores y generan mística, esos rituales apuntan a lo inconsciente y a lo emotivo. Por ejemplo el haka para los All Blacks, el “Oíd mortales” para Los Pumas, La Marsellesa para Le Blue y así. Todos los grandes equipos tienen su momento místico, donde se conectan con sus antepasados y logran la transformación del hombre en el héroe. Este es el único punto válido del misticismo, allí donde el jugador se identifica con el guerrero y se inviste del valor necesario para enfrentar la contienda. Si esa “película” que se hace el jugador es lo suficientemente fuerte, el resultado de su rendimiento será óptimo. Ningún jugador argentino que tiene la gloria de vestir la camiseta de Los Pumas, desconoce las gestas gloriosas que esa camiseta ha batallado. Ningún tercera línea que se invista la casaca de Los Pumas, desconoce las gestas heroicas de Pochola Silva, Tommy Petersen o Tati Phelan. Ponerse la camiseta de Los Pumas es trascender su propio nombre y colocarlo en el anonimato de la gloria de un sentimiento.
Si tuviéramos la posibilidad de generar esa mística en cada club, sumaríamos una posibilidad de motivación más.
Quiero recordar aquí, en este momento una frase de ese gran deportista argentino que se llama Guillermo Vilas, frase que es quizás la síntesis del triunfo de la realidad sobre el pensamiento mágico. Normalmente se suele hablar de suerte, se dice: la suerte del campeón, nos faltó suerte, que mala suerte o que buena suerte. Descansando en la suerte la posibilidad y la justificación del triunfo o la derrota. Vilas acuñó una frase que le define a él como deportista, de donde sacó siempre la motivación y donde encontró siempre sus triunfos o derrotas. “Cuanto más trabajo, más suerte tengo”. Entonces sepamos también que todo lo que hagamos en los momentos previos a un encuentro es para reforzar y sacarle el mejor jugo al trabajo de la semana, del año y de la pretemporada.
Quiero decir que de nada sirve utilizar el inflador cuando la cámara está pinchada. Nada nos aportará la acción psicológica si no tenemos el trabajo que justifique la mayor motivación.
En mi práctica he intentado distintas acciones que apuntan a la comunicación. Cuando uno trabaja con juveniles es bueno pedirles paternalmente distintas cosas que se espera de ese jugador dentro de la cancha. Mi forma es pedirles desde lo afectivo, algo así como “quiero que me dediques el try que vas a hacer”, “dame tres tackles en los primeros minutos”, “el apertura contrario no se nos puede escapar”. El jugador responde afectivamente y hace el esfuerzo porque desea regalarle a su entrenador lo que este le pidió ya que necesita de su afecto y de su consideración. Seguramente algunos jugadores responden a ese patrón pero no todos. Otros necesitan generar compromiso con sus compañeros y hay que “comerles la cabeza” desde ese punto de vista. Por ejemplo alguna vez antes de un partido importante les pedí a mis jugadores que le dijeran al grupo qué le iban a entregar adentro de la cancha y así uno por uno fue diciendo que deseaba ese día entregarle al grupo.
Tenemos que saber que esto no sirve para nada más que para meterlos en el partido. Todo lo que hagamos para arengar, es simplemente para moverlos y generar que el nerviosismo previo se transforme en adrenalina pura, es como acelerar el motor en el semáforo de largada. Solo sirve para el arranque. Pero ese arranque puede ser lo que marque la supremacía de un equipo sobre el otro. El haka de los All Blacks, tiene la particularidad de que actúa también sobre le rival. Así los de negro les dicen a sus ocasionales rivales que son más poderosos. Es un ritual que hace que se libere noradrenalina y se conecte el jugador con el temor anterior a la contienda y se compense con la seguridad del grupo. El haka es un ritual anterior al combate que tiene como única finalidad sacar el miedo al mismo enfrentamiento. Hoy diríamos disminuir el pánico escénico.
Como entrenador me gusta estar presente en el calentamiento previo a un partido y caminar entre los jugadores e ir dándoles consignas cortas a cada uno, en voz baja e individualmente. Decirle a mi apertura, “atacá siempre que puedas”, a mi medio scrum, “disponé de las pelotas rápidas”, al tercera línea “quiero la vida en cada tackle”, al hooker “segura la pelota en el line”. A mi pilar izquierdo “ganá siempre le entrada”, al derecho “echale los kilos”. O puntualmente algo que tenga que ver con el partido en sí. También suelo aprovechar el momento donde se distienden un poco para hidratarse o cuando a algún jugador se le cae la pelota y voy y los junto, me hago el enojado y les pido que se enchufen diciéndoles algo así como “que les pasa, no quieren jugar, hay alguien que no desee entrar a la cancha” apuntando siempre a buscar ese plus que tiene que ver con el compromiso grupal.
Como sabrá todo aquel que alguna vez entró a una cancha, el partido empieza la noche anterior, cada jugador tiene su particular forma de descargar las tensiones previas. La noche del viernes algunos lustran los botines, preparan el bolso con las cosas necesarias, ven si los agarres están bien, si los tapones están en correcto estado, las vendas, el protector etc. Repasan mentalmente cada jugada, sueñan despiertos el try que van a hacer. Todas estas cuestiones son como los actos previos en el sexo, cumplen la función de incrementar la excitación que se descargará en el orgasmo del partido.
Por eso las horas pre partido hay que vivirlas intensamente. Es bueno que los jugadores se puedan juntar en las horas previas, ver algunos videos de partidos o alguna película tipo “Gladiador” o “300”. Es bueno que el equipo se junte para almorzar entonces preparamos entre todos los fideos y estamos juntos. Si nos toca jugar de visitantes hay que pensar actividades de conjunto para el viaje, ver un video en el micro si es posible y asegurar la concentración en el partido. Por diferentes motivos la energía acumulada tiende a ser expresada y si nos descuidamos y perdemos el control de esa energía se expresará como si fuera una eyaculación precoz y de nada habrá servido el esfuerzo.
Estas pequeñas acciones hacen que las horas previas al partido sirvan para aumentar la concentración y la motivación, para disminuir los temores y para estar dispuestos a entregar hasta la última gota de sudor en el juego. El resto depende del trabajo realizado, de la calidad de nuestro rival y de las posibilidades reales para lograr el triunfo. Lo cierto es que si estamos frente a un grupo que trabajó fuertemente para obtener el logro buscado, la arenga o la preparación de la previa son cuestiones que aportan solo un plus y que de ninguna manera lograran que un jugador del montón se transforme en una superestrella.
Finalmente voy a transcribir algunas arengas famosas que servirán para ver la fragilidad de ellas, sin dudar del alto valor emotivo que toman en el momento de ser expresadas. Siempre estas arengas hacen referencia al rival, tratando de decir que la suerte y la justicia deberían acompañarnos porque somos mejores que ellos y ellos representan la maldad. Phil Bennett, capitán de País de Gales. 1970 en un encuentro previo a un partido con Inglaterra, les dice a sus compañeros: "'Miren lo que estos bastardos le han hecho a Gales. Se han llevado nuestro carbón, nuestra agua, nuestro acero. Compran nuestras casas y sólo las usan una quincena al año. ¿Y qué nos han dado ellos? Absolutamente nada. Hemos sido explotados, violados, sometidos y castigados por los ingleses... Caballeros, contra esos tipos jugamos esta tarde".
Esta del General Patton, por ejemplo: “No sólo vamos a matar a esos hijos de Puta, sino que utilizaremos sus cojones para engrasar nuestros tanques”.
Aumentar el valor del equipo, disminuyendo al rival o considerando sus fortalezas, es siempre utilizar al rival como un disparador del deseo más inconsciente, por lo que afirmaría que la arenga apunta siempre a ser el disparador de cuestiones primitivas enfundadas en afectos y sentimientos profundos.
Una de Churchill: “Lucharemos en las playas, lucharemos en los lugares de aterrizaje, lucharemos en los campos y las calles, lucharemos en las montañas. Lucharemos hasta el último hombre jamás nos rendiremos” y otra de Julio Cesar: “Sabed que dentro de pocas horas, Juba se presentara ante vosotros con 10 legiones, 30.000 jinetes, con 1.000 soldados armados y 300 elefantes. Por ello dejen algunos de inquirir u opinar y crean en mí, que tengo segura información.”
En la final de la Copa Libertadores de América entre Palmeiras y Boca, en Brasil, antes del partido, Carlos Bianchi pegó en el vestuario recortes de diarios donde Scolari (DT de Palmeiras) había declarado que ya eran campeones, en silencio los jugadores leyeron las declaraciones del entrenador rival, esa fue una arenga silenciosa de parte de un especialista en motivación, Boca ganó esa final y se consagro campeón.
Para finalizar me gustaría trascribir la definición de arenga de la Real Academia Española: “Discurso solemne de tono elevado pronunciado ante un conjunto de personas con el fin de enardecer los ánimos”. Entonces insisto, es un intento final de sacar algo más de los jugadores, en todo caso es deseable que el arengador sea el capitán del equipo, creo que los entrenadores no debieran, pedirle a sus jugadores otras cosas que no sea el respeto por el plan de juego y en todo caso transmitir el gran deseo de lograr el triunfo. La mejor arenga es la creativa, la que está cargada de ingenio y que fundamentalmente moviliza afectos profundos. La buena arenga pone a trabajar el dolor, la rabia, el odio, el miedo, el amor por los compañeros y por la historia y pone a trabajar estos sentimientos sublimados de tal forma que sea una motivación y no un estorbo a la hora de entrar a la cancha.
A mi criterio la mejor arenga debe contener el trabajo que se realizó para obtener el objetivo, debe reforzar positivamente los valores y capacidades del grupo y debe apuntar al deseo, independientemente de los demás condimentos que tienen que ver con reforzar la valentía, la mística y la transformación del jugador en héroe por un rato.
Me imagino un entrenador que en la charla previa dice algo así como: “Nuestro rival quiere lo mismo que nosotros, pero ellos desconocen cuanto hemos trabajado para este partido, si somos humildes, leales y solidarios, nadie podrá con nosotros, ¿Queremos ganar? ¿Sabemos lo que queremos? ¿Trabajamos para lo que queremos? Entonces si sabemos lo que queremos vamos a buscarlo.”

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada