viernes 8 de mayo de 2009

Psicología y Rugby




En dos palabras puedo resumir cuanto he aprendido acerca de la vida: sigue adelante.
Robert Frost



Introducción

Cuando solemos relacionar psicología y rugby, la primera pregunta que surge es: ¿En qué puede ayudar la psicología para el mejor desarrollo del deporte?

La respuesta no es fácil de contestar, porque en primer término creo que, cuando esa pregunta se dirige a mi persona, está mal formulada. Soy un rugbier que estudió psicología e hizo de la psicología su profesión. En principio puedo afirmar que en mi caso el rugbier le dio más al psicólogo que a la inversa. Soy mucho más el fruto de la educación de un deporte, que de una formación universitaria. Siempre me he sentido un rugbier, que quizás es un buen vocablo para expresar una forma particular de enfrentar la vida, es decir una buena manera de llamar a un luchador.

El rugby es un deporte formativo del carácter y de la conducta de los seres humanos. Por lo tanto tenemos que pensar que cuando trabajamos con chicos lo que le entregamos a cada uno de ellos es una herramienta para la vida y está mucho más allá de enseñar las destrezas y los gestos técnicos del juego.

Decía que en mi caso el rugbier le enseñó primero al estudiante a no entregarse frente a las dificultades, después al profesional a intentar mejorar continuamente, sin pensar en rivales y considerando que la mejora continua es una lucha encarnizada con uno mismo. El rugbier le enseño al profesional y también a la persona que jamás estamos solos en este mundo y que siempre uno puede encontrar solidaridad, fraternidad, igualdad, lealtad, en alguien con el que alguna ves compartió una cancha, un vestuario o un tercer tiempo o simplemente el deporte. En otras palabras el rugby da confianza porque enseña confianza, en uno y en el medio que lo rodea. Es fácil encontrar un medio confiable si estamos capacitados para diagnosticar ese medio, ya que aprendemos a diferenciar a partir de modelos que ya conocemos.

Sé, y la ciencia que llevo adelante lo afirma, que todas las personas son un milagro único de la naturaleza y por lo tanto diferentes entre sí. Que todos no aprendemos lo mismo y que todas las experiencias dejan marcas personales y distintas en cada persona, que todos los rugbier no son iguales y que ser un jugador de rugby no asegura ser buena o mala gente.

Pero, como decía Catamarca Ocampo, "Un deporte vale como consecuencia de la educación que deja en quien lo practica". Y este deporte educa para ser solidarios y leales, persistentes y capaces de soportar y afrontar las dificultades de la vida. No modifica la personalidad estructural, pero la templa intentando sacar el máximo de su rendimiento. La persona que aprende lo esencial de este juego (cuando lo esencial es su conjunto de valores) tiene en sus manos el herramental necesario para intentar ser feliz y a la vez útil en la vida.
El rugby es como la vida misma, hay que poner la pelota adelante y adelante te espera un grupo de grandotes que te la quieren sacar. Es decir adelante siempre hay un problema que tenemos que solucionar y si lo intentamos y dejamos hasta nuestro último aliento, nos sentiremos satisfechos por el solo hecho de haberlo intentado, más allá, mucho más allá del resultado. El rugby afianza nuestra autoestima, nos hace sentir útiles, nos alienta a no negar los problemas y sobre todo nos alimenta con la posibilidad de saber que somos ganadores en la medida que dejamos todo dentro de la cancha mas allá del triunfo o la derrota ocasional.

Me preguntarán si es el único deporte que deja estas enseñanzas y la respuesta es No. Afirmo que el deporte es formativo es sí mismo. Pero este es mi deporte y lo considero el mejor de todos simplemente porque es el mió y trato de llevarlo a donde crea que hay un chico que necesita valores y aclaro que este no es un merito personal ya que se que somos muchos los que pensamos así y el rugbier más completo es el que entiende que además debemos difundir nuestro juego ya que esta es nuestra herramienta y nuestro aporte para lograr un mundo mejor.

El filosofo francés Gilles Deleuze, sostiene que el batir de alas de una mariposa puede generar un huracán y sostiene desde su pensamiento que el mundo no cambia por las grandes revoluciones sino que se modificará en la medida que se logren un sinnúmero de micro revoluciones.
Para ser más claros, no creo que el mundo se cambie con sangre y si creo que se cambia transmitiendo valores y los valores que el rugby puede trasmitir son parte de los valores que harán de este mundo un lugar mejor. No quiero decir que todos los seres humanos tienen que practicar nuestro deporte, no quiero trasmitir un pensamiento fundamentalista. Simplemente sostengo que nuestro batir de alas en los entrenamientos de martes y jueves a la noche con frío o con lluvia, son además de nuestra diversión, nuestro aporte al mejoramiento del mundo en el que vivimos y que este nuestro aporte, no es más esencial que el del médico en el hospital público, ni tiene ese abnegado valor, pero es nuestro aporte y por lo tanto debemos considerarlo así y difundir el rugby ya que de esa forma transmitimos valores que hoy hacen falta en nuestra sociedad, y a su vez prevenimos enfermedades físicas y psicológicas.

Aportes de la Psicología al desarrollo del rugby
Rugby Interno


Ahora sí estoy en condiciones de hablar de los aportes que la psicología le pude dar al desarrollo del rugby.
La psicología es sin duda una ciencia que ha aportado mucho a la tecnología del deporte y sería siempre bueno que cada grupo de entrenadores incorporara a un entrenador psicólogo a su staff. Un entrenador psicólogo significa alguien que mire, analice e informe a los otros entrenadores sobre las dificultades en la cohesión grupal, sobre las necesidades de intervención en tal o cual jugador o en el grupo para permitir un desarrollo mas completo de las potencialidades de los hombres que conforman ese grupo, que por ende nos permitirá el crecimiento del grupo en sí.

Sostengo que no solamente hay un juego de destrezas que se desarrolla en el perímetro de juego, sino que hay otro escenario donde ese juego se desarrolla. Que existe una realidad del juego que se lleva adelante en el tiempo y espacio que marca esa realidad, como así también un espacio de desarrollo intelectual signado por los conceptos que cada uno de los miembros de un grupo tiene y que llamaremos realidad psíquica del juego o rugby interno. En términos del psicólogo noruego Willy Railo el juego interno coincide con esa realidad psíquica y el juego que vemos es parte de otra realidad. Entonces tenemos también una realidad mental, interna de cada jugador e interna del grupo en la cual intervenir y la cual se puede entrenar.

El entrenamiento mental consiste en procedimientos y ejercicios que lo ayudan a volverse más eficiente y mejor preparado mientras se trabaja para alcanzar los objetivos en el deporte.
En la práctica, sin embargo, el entrenamiento mental puede ser mucho más que eso.

No hay nada místico respecto del entrenamiento mental. Es algo que todo el mundo hace consciente o inconscientemente, pero quienes lo realizan sistemáticamente generan mejores resultados. Desafortunadamente, mucha gente practica el entrenamiento mental “negativamente” y, sin mayores sorpresas, esto tiene un efecto negativo en el rendimiento. El entrenamiento mental negativo consiste de pensamientos irracionales, negativos y defensivos que llevan a disminuir el rendimiento y la calidad de vida. El entrenamiento mental positivo conlleva pensamientos lógicos, optimistas y acertados.

El concepto del entrenamiento mental fue introducido en Noruega entre los años 1970 -1980 por Willy Railo de la Escuela Noruega de Ciencias Deportivas. Por esa época, se centraba en mejorar el rendimiento en la competencia de los atletas de elite. La técnica incluía entrenamiento de la capacidad de relajación y manejo del estrés a través de ejercicios de relajación progresiva y del entrenamiento autógeno. A demás de incluir algunas imágenes objetivas, tales como “imagínese a usted mismo en el podio, con los aplausos retumbando en sus oídos”, o marcando el mejor try de la historia.


Hoy la función del psicólogo deportivo es generar intervenciones para lograr efectos positivos. Me refiero a intervenir sobre aspectos del pensamiento que harían del pensamiento de cada jugador un pensamiento positivo. Por ejemplo reemplazar los pensamientos de deber por los pensamientos de querer. No es bueno pensar que “debo” tacklear, seria bueno que el jugador piense en términos de querer y no de deber: “quiero” tacklear. El sentimiento de deber genera una exigencia extra. Es más positivo el uso de expresiones como "yo quiero", "yo aspiro", "yo puedo", ya que dichas palabras no están cargadas de una obligatoriedad, como las de "yo debo" o "yo haré dos tries". Las palabras que conllevan un imperativo como "deber" poseen dos ángulos: uno positivo que implica motivación y otro negativo que conlleva una exigencia. Si se cambia, en el diálogo interno, el yo debo por yo quiero, reforzamos el ángulo motivacional y le quitamos presión a la exigencia autoritaria.
Sobre este concepto “rugby interno”, he pensado la existencia de un rugby dentro de un rugbier y de un rugby dentro de un grupo. Es decir todos los pensamientos, ideas y mundo interno que genera el juego en el psiquismo del jugador y del equipo.
El objetivo que me propongo es analizar y hacer luz sobre los aspectos psicológicos del juego de rugby y de los jugadores de rugby en sí dentro del entorno social en el que se desenvuelven, conceptualizar algunos aspectos como rugby interno, interioridad, grupabilidad, alineación estratégica entre otros.
Partiré de la premisa que existe un juego en la acción, digamos rugby, que conlleva consecuentemente una idea, un desarrollo intelectual y una imagen interna particular para cada sujeto que lo practica, a lo que llamo rugby interno.
Esto implicaría la existencia de una representación mental del juego, es decir una interioridad del jugador, pero también una interioridad de grupo. Estas distintas interioridades tienen que alinear con el plan y los patrones de juego, a lo que llamaremos alineación estratégica.
Alineación estratégica
Cada entrenador o grupo de entrenadores pretende hacer un tipo de juego, que esta encuadrado en el plan y los patrones de juego. Hagamos el ejercicio de pensar en un juego totalmente predeterminado y que cada jugador entiende su rol y que sabe claramente que hacer después de formar un ruck, o cuando tenemos un line out en defensa etc. Que queremos hacer entonces? bien es necesario que cada jugador se alineé con ese patrón de juego. Como lo lograremos? Primero convenciéndolo de que de esa manera ganaremos el partido. Cuanto mas predeterminado es el juego mayor será nuestro trabajo de alineación y de convencimiento. Del convencimiento surge la unidad grupal y la motivación. Si el jugador desea (con toda la carga del termino desear) cumplir con el patrón de juego las posibilidades de lograr un mejor resultado serán mayores que si el jugador “debe” cumplir con el patrón de juego. Cuando el convencimiento es personal logramos dentro del campo de juego intérpretes y celadores del plan de juego. Cuando el grupo esta convencido nos encontramos con un equipo ganador con muchas herramientas para llegar a los objetivos planteados.

Deseo y Voluntad
Sería bueno en este instante, recordar que el ser humano tiene dos combustibles para su funcionamiento, uno de un octanaje extraordinario y otro de un octanaje pobre. El deseo es el combustible mejor, con deseo se desarrolla la acción de una manera superlativa. El combustible de octanaje pobre es la voluntad. Con voluntad vamos a algún lugar, pero no tan lejos ni tan rápido. Pero para tener mas deseo que voluntad es necesario estar muy bien entrenado, ya que el jugador en excelente estado físico piensa mejor, no se desanima y puede desear durante los 80 minutos del partido de la misma forma, con la misma intensidad y tiene mejores armas para superar los contratiempos del juego.
Hay algunas frases como: “Ahora hay que poner huevos”, “Tenemos que hacer de tripas corazón”, que apuntan directamente a la voluntad. Digamos que es tan difícil hacer de los pedazos de tripas un corazón que seguramente el corazón que nos salga será cualquier cosa menos un corazón que nos sirva para algo. He escuchado arengas de entretiempo, arengas de capitanes y entrenadores antes de salir a la cancha que apuntan directamente a la voluntad y poco al deseo. Para decirlo simplemente diría que la arenga apunta siempre a la voluntad, porque estoy convencido que el deseo no necesita ni siquiera de la arenga. La arenga válida sería algo como: “Vamos a ganar porque nadie en el mundo desea más que nosotros este triunfo”, “vamos a ganar porque soñamos con este triunfo”, “vamos a ganar porque trabajamos concientemente para triunfar”. Esto es mas o menos poner el deseo por sobre el deber. De esta manera lograremos en cada jugador y en el grupo un dialogo interno positivo, es decir con la primacía del deseo se lograría el convencimiento y el pensamiento positivo.
Me imagino un entrenador que en la charla previa dice algo así como: ¿Qué queremos? ¿Sabemos lo que queremos? Entonces si sabemos lo que queremos vamos a hacerlo.
Foco
Otro aspecto a tener en cuenta es focalizar al jugador en la tarea es decir no perder el foco de la concentración por factores externos ni internos. Los factores externos son más fáciles de controlar que los internos, los factores externos tienen que ver con lo que rodea al jugador y al juego, por ejemplo mucho tenemos que trabajar para hacerle entender a nuestro jugador mas temperamental que el referee puede tener una mala tarde o no ver todas las infracciones que se comenten en un partido, si vivimos pendientes del referee, del público, de los entrenadores, seguramente tendremos allí una serie de distractores que modificarán el foco y la tarea pasará a segundo plano. Los factores de distractividad internos son menos controlables, estos tienen que ver con la subjetividad, con su relación con su mundo interno y allí es poco lo que se puede hacer en términos de trabajo grupal y más en términos de psicoterapia.
La concentración se entrena, la repetición del ejercicio aumenta la concentración y lógicamente aumenta la capacidad para obtener mejores resultados. Sabemos que la concentración es siempre por un periodo de tiempo, el cansancio la disminuye. A mayor tiempo, mayor cansancio y menor concentración. Por lo tanto para aumentar la capacidad de foco se necesita mayor motivación y excelente entrenamiento físico. Solemos decir a tal o cual jugador hay que mantenerlo enchufado, ahí estará la capacidad creativa del grupo de entrenadores para encontrarle a esa individualidad la forma de aumentarle el foco.
Suelen preguntarme por una receta para mantener enchufado a los jugadores. La receta es: “no hay receta”. Como decía al principio cada ser humano es un milagro único de la naturaleza, entonces se necesitan acciones especificas para cada una de esas individualidades y en cada situación especial. Cuanto más conocemos a nuestros jugadores mas especificidad obtendremos y mejores resultados.

Sinergia

La teoría de la sinergética fue un término acuñado por el matemático y físico alemán, Hermann Haken, a finales de 1940. Su teoría hace referencia a la autoorganización interna de los sistemas complejos; con ella pretende describir y analizar la aparición y estructuración de una nueva propiedad o una nueva característica en un sistema complejo. Para decirlo en términos más sencillos, sinergia es más que la sumatoria de fuerzas de un conjunto. Digamos que un equipo de rugby es un sistema complejo donde muchas son las variantes a tener en cuenta, esta complejidad esta compuesta por cada jugador, mas sus circunstancias personales, mas sus bagaje genético, mas sus cualidades como jugador etc. En un plantel superior tenemos un grupo no menor a las 50 personas, la alineación estrategia, el convencimiento de cada uno, la comunión con el patrón y plan de juego, generan una fuerza superior, porque la autoorganización interna del grupo se hace en derredor de un deseo común. Allí obtendremos lo mejor del equipo y la posibilidad de ser uno con el grupo. Esta es la nueva propiedad que supera la sumatoria de las individualidades. Lograr ese: “ser uno con el grupo” es el trabajo al cual apunta el entrenador psicólogo.
El vocablo sinergia proviene del griego “synergos” que significa trabajar juntos para crecer y cooperar al desarrollarse. Es la integración de todos los elementos, con el objetivo de que el resultado sea algo superior al funcionamiento mismo de las partes. El resultado de esa sinergia es “lo grupal”, que es el estado de mayor cohesión al que puede aspirar un grupo, es lograr un pensamiento común con respecto al objetivo, utilizando cada individuo sus mejores argumentos para llegar a él.

Desarrollo intelectual y mejoramiento del juego

Ser uno con el grupo, sinergia, grupabilidad, son simplemente conceptos que nos permiten particionar para entender. Estoy convencido que el desarrollo intelectual hace mejores jugadores y mejores entrenadores. Hay entrenadores que basan su practica en el desarrollo en el campo de entrenamiento y si bien ese trabajo es totalmente necesario e irreemplazable, si a ese entrenamiento le agregáramos trabajo intelectual, el trabajo de campo sería potenciado por el entendimiento del juego. Por lo tanto recomiendo hacer entrenamientos de entendimiento del juego. La repetición verbal de los conceptos, el pizarrón, la utilización de videos, la explicación de los conceptos de juego, la justificación de por qué elegimos tal o cual camino para lograr el objetivo, no solamente sirven para el entendimiento de los que el o los entrenadores desean, sino que aumenta la motivación en la medida que se comparten las ideas. Si algunos en el grupo no comparten ideas es importante saberlo, para poder hacer los cambios necesarios para desarrollar nuestro plan y patrón de juego. Ese plan y patrón de juego es creado por el grupo de entrenadores y ellos los encargados de encontrar en el plantel los artífices para llevarlo adelante. El trabajo intelectual nos permite lograr que los jugadores entiendan el juego, aumentar la cohesión grupal, generar mayor motivación, Pero por sobre todas las cosas saber quienes son los interpretes más comprometidos con el objetivo y poder elegir a los mejores para cada función.

Confianza, caramelos y palos
Me dejé para el final un consejo para ayudar a los entrenadores a conseguir mejores logros cuando se dirigen a sus entrenados. El principio básico es no pegar un palazo sin antes entregar un caramelo. Queremos mejorar y seguramente hay unos cuantos jugadores que no hacen las cosas como quisieran los entrenadores y ese es el trabajo de mejoramiento continuo. Por ejemplo un apertura que utiliza demasiado el pie, que denota más prudencia o que es más conservador, seguramente no arriesga lo que espera el entrenador si el plan de juego deseado es agotar el lado. Entonces si queremos atacar desde abajo de nuestras haches, difícilmente un apertura con estas características nos ayude a cumplir con el objetivo. Podríamos caer en el error que se solucionaría el problema con una charla donde se le pida exigentemente lo que se espera de él. Error, nada se logra sin convencimiento, el problema de ese jugador es de confianza, no saca la pelota afuera porque desconfía, del plan o de los interpretes, por lo tanto otro de los temas a trabajar para la cohesión grupal es el nivel de confianza que genera el plan y patrón de juego. Cuando la alineación está lograda, (es deseable que sea el primer objetivo grupal), la confianza y la motivación aumenta y esto solo se logra con triunfos, entonces sí, las pequeñas alineaciones es deseable que se hagan con caramelos y palos, es decir para recalcar algo negativo de un jugador o del grupo es necesario primero encontrar y recalcar algo que se haga bien y a partir de ese logro indicar que es lo que podemos mejorar.
La disciplina
Por último y no menos importante: “la disciplina” es el arma fundamental para llegar al objetivo. Si estamos convencidos, focalizados, motivados y alineados, el tema final es lograr la disciplina necesaria para transmitir esa mentalidad ganadora en algo que no sea un globo que se pincha con la primera dificultad. La disciplina es confianza en que los logros vendrán con la insistencia. La indisciplina es directamente proporcional al nivel de frustración, un jugador frustrado por las contingencias del juego o por factores externos al juego o de su propia interioridad, es un jugador que nos amenaza con dejarnos con uno menos. Los actos de indisciplina, ya sea por cuestiones técnicas (aquel jugador que comete más faltas) o por cuestiones de desbordes agresivos son siempre expresiones de falta de paciencia y de confianza en el juego que planteamos. Si estamos convencidos de lo positivo que es nuestro juego, solo debemos trabajar en esa dirección para lograr el objetivo. El jugador indisciplinado es un jugador falto de confianza y necesita mayor convencimiento y mayor trabajo de parte de los entrenadores para que logre ese convencimiento. De esa manera no perjudicará al grupo cometiendo infracciones y desbordándose con agresiones.
El rugby de por si se juega con agresividad, y esta es un arma importantísima para lograr el objetivo, pero el error mas frecuente es confundir agresividad con agresión. Se necesita mucha agresividad para limpiar un ruck, para defender un maul, para penetrar una defensa cerrada, si nos frustramos en el intento esa agresividad se puede transformar en un acto agresivo inútil y generar de esa manera una tarjeta amarilla o roja. El rugby, a diferencia de otros deportes de menor contacto físico, necesita de un autocontrol mayor. Ese autocontrol es reforzado por la “alineación estratégica” y “lo grupal”. Sepamos que los entrenadores tenemos las responsabilidades intelectuales mayores y un jugador indisciplinado es un jugador no alineado con el plan y patrón de juego, por lo tanto ese jugador es responsabilidad del que lo ingresa dentro de la cancha.

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Jorge Collado
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