Introducción
El psicólogo Sueco Willi Railo en colaboración con el entrenador del seleccionado ingles de fútbol Sven Goran Ericsson, escribieron un libro llamado “El Juego Interno”. Si tuviera que explicar el contenido del libro en pocas palabras diría que: Willi Railo propone que en el deporte es más positivo el uso de expresiones como "yo quiero", "yo aspiro", "yo puedo", ya que dichas palabras no están cargadas de una obligatoriedad, como las de "yo debo" o "yo haré dos trys". Las palabras que conllevan un imperativo como "deber" poseen dos ángulos: uno positivo que implica motivación y otro negativo que conlleva una exigencia. Si se cambia, en el diálogo interno, el yo debo por yo quiero, reforzamos el ángulo motivacional y le quitamos presión a la exigencia autoritaria.
Sobre este concepto fundamental, he pensado la existencia de un rugby dentro de un rugbier y de un rugby dentro de un grupo. Es decir todos los pensamientos, ideas y mundo interno que genera el juego en el psiquismo del jugador y del equipo.
Objetivo
El objetivo de este trabajo es analizar y hacer luz sobre los aspectos psicológicos del juego de rugby y de los jugadores de rugby en sí dentro del entorno social en el que se desenvuelven, conceptualizar algunos aspectos como rugby interno, interioridad, grupabilidad, alineación estratégica, rol del entrenador psicólogo.
Partiré de la premisa que existe un juego en la acción, digamos rugby, que conlleva consecuentemente una idea, un desarrollo intelectual y una imagen interna particular para cada sujeto que lo practica, a lo que llamo rugby interno.
Esto implicaría la existencia de una representación mental del juego, es decir una interioridad del jugador, pero también una interioridad de grupo. Estas distintas interioridades tienen que alinear con el plan y los patrones de juego, a lo que llamaremos alineación estratégica.
Apreciaciones preeliminarles
La práctica de cualquier deporte necesariamente compromete aspectos personales, del orden de la relación con los demás (familiares, sociales etc.) y aspectos internos (personalidad, carácter, características psicopatológicas, etc.).
Quiero decir con esto que la preparación psicológica del deportista es tan importante como una adecuada preparación física. Pero esta afirmación desde hace mucho tiempo es una verdad que ya nadie discute.
Lo cierto es que el deportista se entrena física y mentalmente como una unidad. Ya la medicina y la psicología se han encargado de dividir al individuo para hacerlo objeto de estudio, simplemente para facilitar su propia labor, así se estudia el soma por un lado y la psiquis por el otro.
Por suerte, el deportista no esta comprometido ni interesado en estas cuestiones de la discusión científica, por lo tanto se prepara física y mentalmente para la competencia en el mismo instante, demostrando una vez más que psiquis y soma son dos caras de una misma moneda.
Con esto también quiero decir que la participación de un entrenador psicólogo, no se puede dar fuera del campo de entrenamiento. Prefiero llamar entrenador psicólogo y no psicólogo a secas, porque creo que la participación de un profesional en la materia, primero debe darse dentro del contexto del cuerpo técnico y segundo porque las aptitudes de la personalidad de un jugador de rugby también se entrenan.
En otro aspecto, el Rugby como otros deportes colectivos no sólo necesita una preparación mental y física del deportista, sino también lo que es más importante, un funcionamiento grupal que merece ser entrenado. Obviamente, no existe un laboratorio que permita entrenar este aspecto. Entonces lo grupal, lo colectivo, lo solidario se entrena también en la cancha, si bien podríamos hablar de una cancha un tanto más extensa, incluyendo otros espacios donde el grupo funciona realizando otras actividades del plantel, me refiero a vestuarios, quincho de rugby, preparación de los terceros tiempos, recaudación del dinero del plantel para viajes o terceros tiempos, el ejercicio del liderazgo del capitán fuera de los ámbitos del club, etc.
Grupabilidad como base del entrenamiento psicológico
Función del entrenador psicólogo
Particularmente en el Rugby ser uno con el grupo es una necesidad básica para el buen funcionamiento del equipo, a esto llamaremos grupabilidad.
Aquí, planteo un cambio de estrategia en la concepción de la labor del psicólogo deportivo. Ya no como un agente que solamente estudia, evalúa e interpreta, sino también como una herramienta más con la que el Entrenador o el grupo de entrenadores cuentan.
Necesariamente su labor se realizará desde la interioridad del grupo formando parte de él. Aquí sostengo, oponiéndome a gran parte de la cátedra, que el entrenador psicólogo no puede lograr modificar al grupo si no lo integra, es decir así como el medio scrum o el apertura cumplen una función especifica en el juego, o el capitán del equipo fuera y dentro de la cancha, el entrenador psicólogo tiene especificidad de función pero no distinta que el entrenador de line out, es decir siempre dentro del grupo. De la misma manera que hablamos de la polivalencia del jugador, la polivalencia del entrenador psicólogo debe entenderse como tal. A la hora de acompañar a un jugador al control antidoping, a la hora de estimular a otro entrenador, a la hora de ayudar para encontrar el hilo conductor de una conversación sobre la forma del juego, a la hora de generar cohesión entre los entrenadores, etc.
También se sobreentiende que el entrenador psicólogo no es necesariamente el agente de cambio, pero si quien estimule al ocasional agente de cambio a realizar su aporte creativo.
Por otro lado, desde su especificidad tendrá que encontrar el representante interno del plan y los patrones de juego.
Definamos ahora a que me refiero con representante interno y a qué nos referimos con interno.
Digamos simplemente que la interioridad es el representante mental de lo que ocurre en el campo de juego. Digamos que existe un juego en la realidad y un juego interno, es decir una realidad fuera, compartida con el resto de los integrantes del plantel, pero al ser leída desde una subjetividad genera una representación psíquica que conforma lo que llamamos “realidad psíquica” de cada uno de los miembros del plantel.
Por ejemplo, cada integrante del grupo tiene su versión particular del concepto de "toma de decisiones". Esa versión particular es el propio camino andado, cargado de un bagaje personal, que va conformando su subjetividad. Para que se entienda podríamos decir que todo el mundo dice la palabra "mamá" pero que cada sujeto se refiere a la experiencia particular y única constituida en la relación con su propia madre. Entonces "toma de decisiones" significa para todos distintas cosas más o menos parecidas, seguramente más diferentes en la medida que menos experiencias en común tengan. Digamos a modo de ejemplo que el concepto de "toma de decisiones" se ha modificado en la gran mayoría de los seguidores del Rugby después de ver el último mundial, ya que esa experiencia generalizada aunó el concepto.
Pero esto no es todo con respecto a la interioridad, como decíamos este deporte trata de lograr una cohesión en el plantel que llegue a su máxima expresión que es enunciado aquí como "Ser uno con el Grupo". Por lo tanto habrá una interioridad de grupo distinta que la interioridad individual y que no es la sumatoria de las mismas, ni siquiera un promedio, incluso no mensurable. Esta interioridad del juego es la definición misma del grupo. Digamos que el grupo funciona autárquicamente de las distintas subjetividades, el patrón de juego es lo más parecido a la subjetividad del grupo si este es llevado a cavo, podríamos decir que cuando el grupo mas se acerque al patrón de juego, estará mas alineado con las interioridad del subgrupo entrenadores.
Cuando esta definición de interioridad, digamos esta realidad psíquica esté lo suficientemente alineada, digámoslo para simplificar, con la interioridad del Entrenador, entonces podríamos afirmar que el equipo se va convenciendo del juego que pretenden los entrenadores.
Diría entonces que se va conformando con el plan y patrones de juego que pretenden los entrenadores, es decir va tomando forma.
Ahora bien, hasta lo aquí expuesto, tendríamos que distinguir entre tres interioridades diferentes: la realidad psíquica del jugador compuesta por su subjetividad, la interioridad del grupo o realidad psíquica del grupo y finalmente la interioridad del subgrupo de entrenadores, que es la que coincide con plan y patrón de juego. La función del entrenador psicólogo es lograr la alineación de las dos primeras sobre la última.
El entrenamiento, como base de lo actitudinal
Bien, aclarado el tema de la función del entrenador psicólogo y definido el concepto de interioridad, lo que ahora nos interesa es la representación mental que el deportista internaliza cuando se prepara para el juego. Es decir esto que llamamos Rugby Interno.
Especialmente del rugbier se requiere valentía, coraje, fuerza moral, inteligencia para tomar decisiones bajo presión, motivación, concentración, liderazgo, solidaridad, adaptación permanente a la función, polivalencia, iniciativa y más. Por lo tanto estos aspectos de la personalidad no son algo que debemos descuidar a la hora de programar un entrenamiento.
Generalmente, en la experiencia de entrenar jugadores de Rugby en
Quiero decir que el jugador que soporta todas estas dificultades para lograr entrenar, esta dotado de una fuerza moral que le permite practicar este deporte que requiere siempre algo más de uno. Un deporte que le pide que no se quede en el piso cuando se golpea, que se reposicione rápido después del contacto, que tome decisiones constantemente cuando tiene la pelota o sin ella, que no descanse en ninguna contingencia del juego, que no pierda jamás la concentración, que esté siempre atento a las necesidades de sus compañeros, que confíe en ellos y que nunca juegue para lucir su narcisismo sino en función del grupo.
En definitiva por estos lares del mundo, el Rugby es como la vida misma, luchamos por ir para adelante, enfrentando a cada centímetro una dificultad, debiendo tomar decisiones correctas constantemente y como si esto fuera poco el mismo juego aporta la dificultad que implica pasar la pelota hacia atrás. Lo que hace que lo primero que va adelante sea la propia piel, que recibe el golpe en el contacto y aun así no deberíamos perder la pelota y en el mejor de los casos dar un pase correcto jugando dentro de una aguerrida defensa. Es decir, una metáfora de la vida misma, donde uno lucha por ir adelante, con todo su esfuerzo y capacidad enfrentando las dificultades diarias de un mundo altamente competitivo, resolviendo a cada instante un problema, tomando decisiones generalmente bajo presión y sin alejarse de
Se suele hablar de cero errores y creo en eso, es decir siempre trabajamos buscando la perfección, el ser humano no es perfecto pero es perfectible. Tener la iniciativa es poner en riesgo la posesión de la pelota ya que solo la puede perder aquel que la tiene. Entonces como dice Carlos Bianchi: “el equipo que cometa la mayor cantidad de errores probablemente será el ganador”. Solo el hacedor comete errores.
Veamos ahora los aspectos más internos de este juego. Qué se necesita de un buen rugbier y cómo se entrena.
Al igual que el gesto técnico que hace al buen jugador de rugby, hay algo que tiene que ver con la personalidad del rugbier, que se entrena desde infantiles, esto es estimular el servicio al compañero. Si consideramos que correr para adelante, tener un buen pase, poder tomar la decisión correcta en un dos contra uno, abandonar la idea de ser el que marca un try y trabajar para que el compañero pueda hacerlo, son algunos de los principios de un buen jugador de rugby, tendríamos que poder distinguir entre un rugbier y un buen jugador. La diferencia es que un Rugbier es un tipo que desarrolla su juego también fuera de la cancha y eso no se entrena, eso se enseña y solo se puede enseñar con el ejemplo. Si pudiéramos entender en su total magnitud que esta es una verdad que es necesaria sacarla del frasco de las palabras y llevarla a cada rincón de nuestros clubes, nuestra función como entrenadores, jugadores, dirigentes estaría cumplida en un alto porcentaje.
Quiero redefinir por diferencia al "Buen Jugador de Rugby" y al "Rugbier", digamos que en todo caso el segundo es el que privilegia lo solidario a la destreza sin descuidar esta última. Alguna vez pregunte por la diferencia y me dijeron que el Rugbier siempre deja algo en el Club. Aún me conforma esa definición. Dejar algo, hacer la historia de nuestro club es transmitir los valores solidarios de nuestro juego.
Entonces el Rugby interno allí comienza, en la función solidaria, en enseñar que el espíritu del rugby es pura solidaridad, es fundamentalmente dar al otro, es el servicio del que junta las pelotas y los conos después de cada entrenamiento, es la función de alcanzar el tie al pateador para que este acierte una conversión, es ir a la espalda del compañero cuando este porta la pelota, es tener la confianza ciega que al lado de uno hay catorce, y eso es ser uno con el grupo. También poder reconocer que la solidaridad es un canal de ida y vuelta. No solamente tenemos que aprender a dar sino también tener la mano abierta para aceptar lo que nos da nuestro compañero.
Podríamos agregar que para un entrenador “El Saber Escuchar” debe ser el principio solidario guía. Ser uno con el grupo para el entrenador, no solamente es cumplir su función de llevar a cabo la estrategia del juego o enseñarle a cada jugador las destrezas individuales, sino fundamentalmente hacer el ejercicio de las descentración para transformarse en el personaje que lee y escucha el universo donde se desarrolla el juego.
Desde allí, llamémoslo ahora compromiso con el otro, comienza a amasarse una moral que hace a la fortaleza del jugador, esta pulsión gregaria, esta necesidad personal de asociación hace al rugbier y le facilita el aprendizaje y el entrenamiento. La capacidad de compromiso ya no es una aptitud del jugador sino el ejercicio de ser uno con el grupo. El individuo deja de ser uno y funciona en la red, digamos que es un sujeto sujetado al grupo.
Ahora bien, si el principio solidario del juego se aprehende y no se entrena, si la motivación se entrena pero es fácil encontrarla en determinados medios, entonces qué es lo entrenable y cómo. El cómo es más fácil de explicar que el qué. El cómo esta ligado a la intencionalidad del ejercicio.
Si en un partido fallamos en los lanzamientos de line out, seguramente en los entrenamientos de la semana se pondrá mayor énfasis en el line out, si la falla esta en la concentración, todos y absolutamente todos los ejercicios de la semana estarán regidos por la lupa de la concentración.
Así el cómo, ahora el qué. Bien la concentración, definamos por concentración a la capacidad del jugador de centrarse en la jugada y descentrarse en las posiciones del rival. Un ojo puesto en la pelota, la conciencia en su posición y el otro ojo puesto en la distribución de las posiciones del rival. Una aptitud que parte de la subjetividad a lo grupal, de lo individual a lo colectivo. En la medida que el jugador entiende lo que se requiere de él, es decir analizar rápidamente su posición, su función y la distribución del rival en el campo, este jugador comprende y resuelve, por lo tanto aumenta su capacidad de concentración.
La concentración lo atrapa por más que la pelota ya no este cerca de él, el jugador comienza a sentirse importante en cualquier sector del campo y en cualquier momento. Esto aumenta su autoestima y su confianza ya que puede no tocar la pelota en todo el partido pero cumplir con una función necesaria para el grupo.
La toma de decisiones correctas, digamos que hasta donde sabemos un jugador tiene tres posibilidades en la toma de decisiones cuando tiene la pelota (correr, pasarla o patear) pero estas posibilidades se multiplican cuando no está en contacto con ella. Tomar decisiones correctas es apoyar, entrar a la espalda del compañero, leer continuamente su posición en la cancha, quedarse profundo o entrar agachado a una formación, cambiar en la defensa posiciones con sus compañeros dejando los mas lentos dentro y los más rápidos afuera, o tomar espacios para otra ola de ataque, etc.. Con la exigencia de la polivalencia del jugador, requerimos de él mayor inteligencia, mayor lectura del juego y mayor capacidad en la toma de decisiones. Anteriormente bastaba con saber correr la cancha, hoy esa verdad es tan antigua como el juego por posiciones. Si bien en nuestro juego aún hay muchas especificidades, como tirar la pelota desde al line o el ingreso del pilar derecho al scrum, la realidad es que hasta el juego de los backs se ha transformado en un juego de delanteros. O para decirlo de otra manera, si el principio que rige a una buena defensa es atacar la posición del contrario, cual es la diferencia entre backs o forwards. En este caso la polivalencia también se entrena. Hoy podríamos hablar de los forwards reunidos y los forwards desplegados, haciendo hincapié en el juego por roles y no por posiciones.
Tomar decisiones para el jugador polivalente es un ejercicio que se realiza jugada a jugada en cada partido desde el primer minuto de juego, por lo tanto hay que entrar despierto y concentrado, “enchufado” como decimos en casa, y en el último minuto del partido hay que cuidar y administrar el aire, el cansancio y poner el último tackle como el primero. Aquí otro tema a entrenar, ya que se entrena una aptitud para el primer minuto o para después de una hora y media de juego.
Como vamos notando en todos los casos las aptitudes psicológicas y las físicas son indivisibles, por lo tanto, el entrenamiento de estas aptitudes jamás se realizaran por separado, lo cierto es que lo que nos permite el cambio de mentalidad es la intencionalidad del entrenamiento, por eso cuando se diagrama el entrenamiento de la semana el entrenador psicólogo, dará su opinión y explayará su intención de entrenar tal o cual característica.
La búsqueda del efecto deseado.
Muchas veces nos enfrentamos con situaciones no queridas o no esperadas en la relación entre uno o varios jugadores y algún miembro del cuerpo de entrenadores. Como es de suponer no hay relación humana sin conflicto, por lo tanto, el buen funcionamiento del grupo no es cero conflicto, ya que esta premisa anularía la existencia del grupo. Entonces pensemos que grupo es igual a conflicto posible. Es más, sin conflicto no sería posible el crecimiento del juego, por ejemplo hace un par de años les pedíamos a nuestros jugadores que fueran rápidamente al piso cuando entraban en contacto con el rival generando un ruck y al apoyo le pedíamos limpiar la formación con la mayor premura para que el medio scrum dispusiera de una pelota rápida. Pero también le pedíamos a la defensa que se posicionara más rápidamente para que nuestro rival no dispusiera de esa pelota rápida. Entonces mejoró el ataque, pero también la defensa, por eso hoy le pedimos al portador de la pelota que traccione en el contacto para seguir avanzando y permitir la formación de un maul que nos genere avanzar en el terreno lo máximo posible. Bien, para internalizar un concepto nuevo es necesario abandonar un concepto viejo, para crecer en el juego necesariamente hay que abandonar los viejos esquemas de pensamiento, por lo tanto cada vez más necesitamos pensamientos nómades sobre pensamientos estáticos. Este dinamismo, propio del juego de hoy, no sería posible sin contar con cabezas nómades capaces de considerar lo creativo como agente de cambio. Sabrán los que conocen este juego y su gente, que muchas veces trabajar para el cambio de mentalidad en nuestro medio es una durísima tarea, más cuando interactuamos con personas de mucho carácter y muy estructuradas. Carácter y estructura que han adquirido en la práctica de un deporte duro.
En todo caso, siempre trabajamos para lograr el efecto deseado, aún en los conflictos personales. Por lo tanto, el entrenador psicólogo se va encontrando con conflictos que debe ir subsanando en función de llegar a la meta deseada que es la alineación estratégica entre las distintas interioridades. Tal vez, la más ardua función sea lograr que los entrenadores elijan la mejor herramienta motivacional para lograr el más alto rendimiento de un jugador o del grupo.
Y aquí vale todo, sabemos cómo es cada uno de los miembros del grupo. De algunos sabemos que es necesario trabajar siempre desde el refuerzo positivo marcando constantemente lo que hacen bien para que no consideren una crítica cuando se les marca lo que deben corregir. Para muchos jugadores la motivación es el aliento sobre lo que pueden mejorar o mejoran, para otros la dureza del entrenador, no como crítica, le sirve para encontrar en ellos el mejor rendimiento, otros son hijos del rigor y necesitan la charla individual, los reclamos del capitán del equipo o del propio entrenador. Lo importante es que si el entrenador utiliza alguna forma de intervenir, digamos no del todo ortodoxa, el requisito mínimo que se le pide, es haber pensado esa posibilidad, es decir que la acción tenga la intencionalidad de generar un cambio positivo en el jugador. Si conocemos profundamente las características de personalidad de cada uno de los miembros del grupo, encontraremos la respuesta para saber cómo debemos lograr la motivación deseada y el más alto rendimiento. Hace relativamente poco tiempo un entrenador de un importante equipo de primera fue separado de sus funciones porque acostumbraba a insultar a sus jugadores. Si tomamos este ejemplo diría que solo vale el insulto si este fue pensado para generar un cambio positivo en la actitud de un jugador o del grupo. Así las intervenciones de este tipo en el entretiempo muchas veces sirven para lograr despertar algunas fibras dormidas. Otras veces en la entrada en calor, antes de un partido, hay que esperar que se caiga una pelota para intervenir y aplicar enérgicamente la autoridad del entrenador. Se entiende que en estas acciones son las voces más autorizadas del plantel las que se deben oír. Me refiero que seguramente el que diagnostique y elija el momento será el entrenador psicólogo, pero difícilmente sea su voz la que se tenga que oír, entonces llamara al entrenador o al capitán del equipo y le dirá que les pida enérgicamente a sus compañeros o entrenados que se concentren. Aún así, es mi opinión que las intervenciones que tienden a despertar y a generar las endorfinas suficientes para entrar “enchufados” al campo de juego están mas cercana a la arenga que a la crítica.
Así es este "todo vale", pero solo tiene valor si la intencionalidad del señalamiento es pensada antes para buscar el efecto deseado.
Tendríamos que agregar que como dice Willi Railo, la elección del discurso estimulo es muy importante, sobre todo es necesario pensar que la exigencia tendría que dar lugar a la motivación. Por lo tanto, es necesario que pensemos en reforzar el ángulo motivacional y en quitar presión a la exigencia autoritaria.
Por otra parte, las reacciones relacionadas con el "deber" son dominadas por el inconsciente y en la práctica existe una perenne contradicción entre la parte consciente e inconsciente de nuestro psiquismo. De tal forma que, cuando la parte consciente dice "voy a lograr esto", la parte inconsciente dice "no, eso no lo lograrás", imponiéndose generalmente la negación misma que se sustenta en viejas experiencias de aprendizajes inconclusos, erróneos o dolorosos.
Desgraciadamente, las palabras de ánimo que generalmente dicen los técnicos a sus jugadores antes de las competencias, más que fortalecerlos los debilitan, así estos saltan al campo de juego cargados de una grave y seria responsabilidad que se suma a las exigencias de la propia competencia como son rival, público, situación en la tabla, etc. Con lo que la bien intencionada plática del técnico termina produciendo una reacción contraria. Finalmente, un deportista o un grupo con mentalidad ganadora no es aquél que quiere ser lo que no puede ser, sino aquél que conoce perfectamente el capital de fuerzas que posee, sus posibilidades de desarrollo y la cantidad de trabajo necesario para lograr progresar.
Conclusiones
Para concluir, la intención de este trabajo es mostrar algunos aspectos sobre ese otro juego de rugby que es el rugby interno, donde los conceptos de concentración, motivación, grupabilidad, solidaridad y toma de decisiones son los ejes fundamentales.
Por otro lado también es intención de este trabajo analizar la función del psicólogo dentro del cuerpo de entrenadores, ya no como un profesional que aporta su conocimiento desde la limpieza del afuera, sino quien se compromete con su labor como parte de un grupo de trabajo, que analiza y busca los agentes de cambio que permitirán la maduración del grupo y por ende, el mejor resultado humano y deportivo. Es decir una función polivalente.
Otra propuesta de este trabajo es considerar el jugador como una unidad psicofísica que entrena sus cualidades mentales en el momento mismo de su preparación de campo. Como así también es necesario entrenar los aspectos psíquicos grupales que son los que permitirán amalgamar en una unidad grupal al plantel mismo.
Y finalmente, quizás el concepto más importante: Pensar siempre en términos de alineación estratégica. Si el plan y patrones de juego son alineados desde el cuerpo de entrenadores pasando por el grupo y llegando a cada uno de los sujetos que lo conforman, las posibilidades de éxito humano y deportivo son mayores.
Justificaciones
En primer lugar tengo que decir que si bien mi relación con el rugby ha nacido en mis años de juveniles, que he formado parte del desaparecido Zárate Rugby Club, la motivación para trabajar en estos aspectos ligados a la psicología en el rugby, tiene su génesis en el intento de hacer coincidir dos pasiones.
En 1982, año en el que dejo de jugar, me gradúo como psicólogo en
Luego de estas experiencias los entrenadores del plantel superior de mi club Arsenal Zárate, me invitan a participar como entrenador psicólogo. Desarrollo mi trabajo durante cuatro años y decido hacer los cursos para entrenadores que ofrece

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