
Algunos se preguntarán por qué “El Ombú” es el símbolo de un club de rugby. Es sabido que detrás de esa enormidad gigantesca se oculta una hierba de maderas blandas e inútil, que es un arbusto solitario desperdigado en la llanura, símbolo del descanso del gaucho nómade y solitario.
Pese a la creencia generalizada el ombú no es originario de la llanura pampeana, sí lo es de la selva misionera y del chaco formoseño. Por haber sido una de las primeras especies nativas en ser usada como ornamental, su distribución al interior de la provincia de Buenos Aires fue fundamentalmente a causa del hombre. Se sabe que comenzó a ser plantado hacia mediados del siglo XVIII, ya que ante ese “mar de pastos” servía presumiblemente como punto de referencia en la monótona inmensidad de la llanura, y también como mojón y lugar de descanso. El ombú se convertiría en un hito para los viajeros de la planicie y habiendo nacido gregario y selvático se transforma en un símbolo de soledad en la planicie. El ombú vive siglos, con su enorme copa verde, erguido y firme. No hay huracán que pueda derribarlo, ni rayo que logre fundirlo.
Este arbusto generoso tiene una leyenda: dicen que en la creación Dios le fue preguntando a cada planta como querían ser, así el quebracho pidió ser fuerte y duro para resistir los golpes; el jacarandá pidió ser bello y vistoso como una mujer, el cañaveral pidió ser largo y duro para ser lanza de soldado y picana de los bueyes en el trabajo de las carretas. Finalmente le llegó el turno al ombú que pidió ser coposo para dar sombra y descanso a los caminantes; sin flores perfumadas, ni colores vistosos, ni jugo, ni siquiera fruto para comer. Que el tronco sea blando y que ni los clavos puedan quedar clavados en la madera. Dijo el Ombú: Dios quiero hacer el bien a los hombres, quiero aliviarlos de la fatiga cuando cruzan las llanuras y los montes, los ríos y las montañas, bajo el sol calcinante y muertos de sed en medio de la tierra reseca por el fuego y el calor .
Pero hubo un especial ombú que le dio motivos a un grupo de amigos que utilizaban su sombra para albergar el cansancio de las tardes del juego con la pelota ovalada. Allí donde hoy se encuentra la cancha Dr. Néstor “Pancho” Jeanmaire del Arsenal Zárate Rugby había un frondoso Ombú, situado en la esquina nordeste del predio, en lo que era una planicie al pie de la barranca que permitía a aquellos rugbier el espacio para improvisar alguna tocata. Predio cercano al centro del pueblo, era reducto informal del juego cuando la cancha de rugby de Zárate estaba en Villa Eugenia. El ombú era un símbolo de la reunión, donde seguramente a su sombra crecieron los sueños de un club de una institución y de un juego que identifique a los que nos sentimos paridos por los deseos de “Pancho” Jeanmaire.
Más allá de su blandura y de su floja madera, el Ombú en esta ciudad, es símbolo de reunión de rugbiers, de sueños a su sombra, de amistad, fraternidad, igualdad y solidaridad.
La Prehistoria
En 1973 un grupo de muchachos que no superaban los 25 años, liderado por el Dr. Néstor Emilio “Pancho” Jeanmaire tomo la decisión de practicar un deporte que en ese momento no se practicaba en la ciudad de Zárate: el rugby. Comenzaron a reunirse en el Club Atlético Belgrano. Entre ellos se encontraban quienes terminarían formando el equipo de rugby de la ciudad, llamado Zárate Rugby Club, lo que podríamos llamar la prehistoria del deporte en la ciudad.
Como antecedentes solo podríamos mencionar dos, en la década del ´50, existió un equipo en la ciudad, pero no contamos con mayores datos, es de suponer que la comunidad inglesa hubiera formado aquel equipo que puede haber tenido su origen en el Frigorífico Smithfield o en alguna otra empresa inglesa de la zona, aún por los empleados ferroviarios, como ocurrió con tantos otros lugares.
Por otro lado, los antecedentes mas recientes lo podríamos remontar a la educación de ese médico desgarbado, con anteojos y levemente encorvado, que había estudiado en el colegio Inglés San Jorge, que había aprendido a manejar la ovalada en sus campos de deporte y vestido la camiseta blanca de los Old Giorgian como wing tres cuartos. Pancho Jeanmaire fue el fundador y el primer entrenador del equipo del Zárate Rugby Club, se enfrentó con la difícil tarea de hacer entender no solamente las dificultades del reglamento, sino lo que es mucho mas importante la filosofía de un juego que sobre todo privilegia la lealtad, la solidaridad, el grupo y el respeto por las normas, la historia y el rival; un deporte que a diferencia de otros considera que el referee siempre tiene razón.
Pancho solía de finir el rugby como “un juego de ladrones practicado por caballeros”. Haciendo hincapié en la posibilidad que nos da el contacto en este juego de tener acciones desleales. En cambio solo un caballero, teniendo posibilidad de sacar ventajas de su adversario, se ajusta a las reglas.
Si un logro tiene el trabajo del Dr. Jeanmaire es que ha logrado en nuestra ciudad un deporte no clasista, siempre en la historia de este Club, desde entonces hasta nuestros días, se privilegió la posibilidad de practicar el deporte sobre cualquier problema económico o de pertenencia a determinado estrato social. Esta ideología nace en la figura del Dr. Jeanmaire, quien jamás segregó o discrimino a ninguno de sus muchachos.
Los pasos fueron endebles al comienzo y tomaron vigor con el pasar de los años, ya que no solo nace de este embrión el rugby de Zárate, sino que es la génesis del rugby de la ciudad de Campana, ya que este surge de un desprendimiento del rugby Zarateño.
Villa Eugenia
Los tiempos del Club Belgrano fueron cortos, era necesario un lugar permanente. Entonces una vez más el rugby contó con el apoyo incondicional del Dr. Jeanmaire. Su familia tenía algunas hectáreas sobre la ruta 12, frente al barrio Saavedra detrás de la fabrica de cartón corrugado de Schonlick, un descampado que tenía un par de pilotes de cemento con un cartel también de cemento pintado de blanco que con letras celestes que anunciaba un lugar seguramente a ser loteado: “Villa Eugenia”. No sabemos muy bien en honor a que Eugenia se lo nombro, pero si sabemos que allí se construyó la primer cancha de rugby de la ciudad. En una tranquera, típica de entrada a un campo, había un pequeño cartel de madera pintado con los colores amarillo y negro con tres letras: ZRC. Unos cien metros dentro del campo, después de cruzar un badén generalmente barroso e inundado se podía acceder al perímetro de la cancha. Muchos recuerdan la figura de Pancho caminando por la línea de cal, alentando a sus muchachos generalmente con su típico grito de guerra: “jogo bonito, jogo bonito”. También es difícil arrancar de nuestras memorias adolescentes el Ford Taunus verde o la Fiat 125 Blanca, de Pancho derrapando por el badén, haciendo eses, llegando urgido de su labor como médico a algún entrenamiento o partido.
Todas las instalaciones se limitaban a las haches y las líneas de cal. Alguien alguna vez colaboró con una casilla prefabricada donde se pretendían hacer los vestuarios, esperanza que duró muy poco ya que en las soledad de la noche, algunas vacas que habitaban el predio, se habían apoderado de la endeble construcción y terminaron demoliéndola echando sus pesados cuerpos sobre las livianas paredes.
Luego de cada partido era necesario contar con algún lugar confortable, para ofrecerles a nuestros rivales una ducha caliente y servir el clásico tercer tiempo. La gran mayoría de los muchachos eran socios del Club Náutico Zárate, entonces se utilizaban sus instalaciones, no solamente para atender a nuestros rivales, sino también para entrenar durante la semana en horarios nocturnos, los clásicos martes y jueves a partir de las 9 de la noche. Como siempre jamás importó la lluvia, el barro, el frío o la falta de agua caliente a las 12 de la noche en invierno. Siempre reinó un espíritu de camaradería y bromas.
Pasaron algunos años y llegar a Villa Eugenia costaba un poco, sobre todo si se pretendía tener divisiones menores que avalaran el crecimiento como institución, ya era bastante habitual que se reunieran a entrenar en el predio que está en las intersecciones de las calles Rivadavia y Crucero General Belgrano, detrás de SADOS, una proveeduría que pertenecía a los empleados del Arsenal de Marinería que funcionaba por aquellos años, donde hoy funciona la Facultad de Derecho de la Universidad de Lomas de Zamora. En ese predio existía un enorme ombú y allí se entrenaba. Con el tiempo “El Ombú” se transformó en el símbolo de Rugby en Zárate.
Épocas de Cambios
Cuentan que alguna ves en la casa de los Giglionne, mientras Aníbal y Eduardo charlaban sobre la necesidad de encontrar algún club que albergara al Rugby, la madre propuso hablar con Domingo Batista, por entonces Presidente del Club Náutico Arsenal. Se le consulta al Dr. Jeanmaire sobre esa posibilidad y utilizando su buen nombre y su ascendencia en la sociedad, Pancho habla con Batista y este con los responsables del Arsenal y finalmente se consigue el predio del Ombú como un préstamo por 50 años.
Pero tampoco el Náutico Arsenal contaba con una infraestructura como para albergar al rugby, no contaba con vestuarios acordes a las exigencias y era un club familiar del personal civil que trabajaba en el Arsenal de Marinería. Quizás el Club que naturalmente debiera haber albergado al rugby hubiera sido el Club Náutico Zárate. No es que no se hubieran realizado gestiones para ello. El predio estaba prestado para la práctica del rugby, se habían empezado a hacer los movimientos de tierra, para aplanar lo que era una barranca bastante pronunciada. Se necesitaba juntar fondos para tamaña tarea, se organizaban rifas, son recordados los bailes de disfraces en “Casablanca”, un boliche bailable que funcionaba en la calle Rómulo Noya, entre 19 de marzo y Justa Lima, que regenteaba Chambouleiron, que había vestido en algunas oportunidades la camiseta del Club. Alguna vez se organizó un rifa importante de una moto Kawasaki. Premio que ganó Osvaldo Cossa. Es recordado el esfuerzo que hacían todos para vender esas rifas, sobre todo la facilidad que tenía Sergio del Vecchio para vender talonarios enteros en pocos días.
Pero lo cierto es que más allá de los trabajos de acondicionar una cancha en el centro de la ciudad, era necesario tener también una institución. Se mantuvieron muchas reuniones con el Sr. Héctor Giovanolli presidente por ese entonces del Club Náutico Zárate, esta institución siempre apoyo al rugby prestando sus instalaciones. Pero la realidad es que no terminaba de aceptar al rugby como un deporte propio. El Club tenía más un perfil de deportes náuticos y tampoco tenía mucho espacio para albergar al rugby. Alguna vez se pensó en comprar un predio en la Isla Talavera, pero fue un proyecto que durmió su tiempo, finalmente el predio fue adquirido por el CNZ, pero ya era demasiado tarde. Por aquel tiempo, en los albores de los ´80, se aproximaban elecciones en el CNZ y había un grupo de socios que pretendía simpatizar con el rugby, Giovanolli siempre había apoyado pero nuca había tomado la decisión esperada. La lista opositora estaba encabezada por el Sr. Migane; Camezzana y Giglionne mantuvieron conversaciones con él y producto de esas charlas, obtuvieron el perímetro de caños que conforman las barandas de la hoy cancha uno. Finalmente nada ocurrió con el CNZ y fue el Náutico Arsenal quien termino adoptando al rugby.
Se aceleraron los trabajos de movimientos de tierras, una vez más fue el Dr. Jeanmaire quien aporto económicamente para terminar los trabajos, todos los jugadores del club trabajaron y aportaron muchos con dinero y otros su mano de obra.
Uno de los problemas que surgieron fue hacer los pozos para plantar la haches, en principio se contrató dos peones que abandonaron la tarea al comprobar la dureza del terreno. Después hubo algún intento de Esteban “Piji” Basanta, de Camezzana y Giglionne, pero fue en vano, no pudieron perforar la tierra mas que unos pocos centímetros. Finalmente se lo contrato al Sr. Catrinacio, desde ese día conocido como “El Topo”, quien en una sola jornada realizó los cuatro pozos. Así la cancha estaba lista para el primer encuentro.
Se contó también con la colaboración del municipio quien aportó la maquinaria suficiente para los trabajos de movimientos de tierra. También el Sr. Marcote toco algunos contactos y el Arsenal prestó una serie de palas para que los jugadores pudieran aportar su trabajo.
Los Colores
La historia nos cuenta que el rugby Zarateño utilizo en su historia tres camisetas. La primera solo duró algunos pocos partidos: Totalmente blanca, quizá fuera el deseo del Dr. Jeanmaire que se utilizara la camiseta de los Old Georgian, pero la historia real es que faltaba dinero para comprar camisetas, entonces se habían comprado unas cuantas camisetas de frisa en “Grandes Tiendas Palazuelo”, eran camisetas con el cuello redondo sin botones y mangas largas. Esa fue la primera camiseta del ZRC.
La gran mayoría de los jugadores de aquellos tiempos provenían de la clase media o de clases trabajadoras, como siempre era difícil juntar el dinero para comprar botines, camisetas y el resto de la indumentaria, poner algún pesito para mejorar las instalaciones y pagar los terceros tiempos, que por aquellos tiempos solo era té con facturas o tortas aportadas por madres y novias.
Los colores tradicionales del ZRC surgen, según cuentan los implicados, de una gran indecisión. El primer grupo de comando que tenía el Dr. Jeanmaire, conformado por aquellos tiempos por Pablo Giorno, Osvaldo Dalquié, Jaime Felber, Jorge Batista, Carlitos Schinonni, Alejandro Bagato, Darío Vinent, Oscar Tonetto, el gordo Ramos entre otros, tuvieron la responsabilidad y el honor de elegir los colores que los identificarían. Ellos decidieron que Amarillo y Negro serian los colores, los mismos que tenía una cortina que había en el Hotel Welcome, donde se hacían las ocasionales reuniones. Así surgen los colores de la segunda camiseta del club, a rayas horizontales de cinco centímetros, con el cuello y los puños amarillos. Se compró un juego de camisetas muy similar a las que utiliza hasta el día de hoy el Club Obras Sanitarias. El pantalón negro y las medias amarillas con rayas horizontales negras.
El resto es la historia más reciente, cuando el rugby se muda en 1981 al Club Náutico Arsenal, allí, no sin dolor, se abandonan los colores amarillo y negro y se adoptan el blanco, azul y rojo, que eran los colores del club. Fue Eduardo Giglionne quien diseñó la camiseta que conforma hasta hoy la indumentaria del club. En el año 1982, un grupo de jugadores y dirigentes del rugby argentino toman la decisión de enfrentar al equipo nacional de Sudáfrica, sobre esta nación caía una penalización política de la gran mayoría de países de no enfrentarlos deportivamente por el tema del apartied. Este grupo de jugadores y dirigentes forman un equipo continental el que se llamó Sudamérica XV, aquel equipo capitaneado por Hugo Porta, fue el único equipo argentino que logró ganarle a los Sprinboks en Sudáfrica. La camiseta tenia tres rayas sobre el pecho una verde, una naranja y otra azul. Eduardo Giglionne copió aquel modelo cambiándole los colores y poniéndole los colores del club.
Continuará

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