Podría decir que los momentos previos a los partidos de rugby son vitales para el desarrollo de los mismos. Hay entrenadores que prefieren hacer sus charlas en el vestuario, recordando lo que ya fue hablado en los entrenamientos de la semana. Generalmente se refuerzan algunos pocos conceptos y en todo caso se refuerzan los temas psicológicos. Es decir el entrenador prepara psíquicamente a sus dirigidos, los enchufa, le pide concentración, les recuerda a cada uno de sus jugadores que es lo que espera. Podríamos en este punto insistir en algunas cuestiones que ya hemos tenido en cuenta, por ejemplo aquello de deseo versus voluntad. El ser humano tiene dos combustibles para su funcionamiento, uno de un octanaje extraordinario y otro de un octanaje pobre. El deseo es el combustible mejor, con deseo se desarrolla la acción de una manera superlativa. El combustible de octanaje pobre es la voluntad. Con voluntad vamos a algún lugar, pero no tan lejos ni tan rápido. Pero para tener más deseo que voluntad es necesario estar muy bien entrenado, ya que el jugador en excelente estado físico piensa mejor, no se desanima y puede desear durante los 80 minutos del partido de la misma forma, con la misma intensidad y tiene mejores armas para superar los contratiempos del juego. Hay algunas frases como: “Ahora hay que poner huevos”, “Tenemos que hacer de tripas corazón”, que apuntan directamente a la voluntad. Digamos que es tan difícil hacer de los pedazos de tripas un corazón que seguramente el corazón que nos salga será cualquier cosa menos un corazón que nos sirva para algo. He escuchado arengas de entretiempo, arengas de capitanes y entrenadores antes de salir a la cancha que apuntan directamente a la voluntad y poco al deseo. Para decirlo simplemente diría que la arenga apunta siempre a la voluntad, porque estoy convencido que el deseo no necesita ni siquiera de la arenga. La arenga válida sería algo como: “Vamos a ganar porque nadie en el mundo desea más que nosotros este triunfo”, “vamos a ganar porque soñamos con este triunfo”, “vamos a ganar porque trabajamos concientemente para triunfar”. Esto es mas o menos poner el deseo por sobre el deber. De esta manera lograremos en cada jugador y en el grupo un dialogo interno positivo, es decir con la primacía del deseo se lograría el convencimiento y el pensamiento positivo. Si no deseáramos desperdiciar los momentos previos del partido y si queremos sacar lo positivo de este tiempo, necesitaríamos pensar a qué es necesario apuntar para generar las endorfinas suficientes para entrar con todo y jugar con todo los primeros minutos del partido. Hay rituales que enchufan a los jugadores y generan mística, esos rituales apuntan a lo inconsciente y a lo emotivo. Por ejemplo el haka para los All Blacks, el “Oíd mortales” para Los Pumas, La Marsellesa para Le Blue y así. Todos los grandes equipos tienen su momento místico, donde se conectan con sus antepasados y logran la transformación del hombre en el héroe. Este es el único punto válido del misticismo, allí donde el jugador se identifica con el guerrero y se inviste del valor necesario para enfrentar la contienda. Si esa “película” que se hace el jugador es lo suficientemente fuerte, el resultado de su rendimiento será óptimo. Ningún jugador argentino que tiene la gloria de vestir la camiseta de Los Pumas, desconoce las gestas gloriosas que esa camiseta ha batallado. Ningún tercera línea que se invista la casaca de Los Pumas, desconoce las gestas heroicas de Pochola Silva, Tommy Petersen o Tati Phelan. Ponerse la camiseta de Los Pumas es trascender su propio nombre y colocarlo en el anonimato de la gloria de un sentimiento. Si tuviéramos la posibilidad de generar esa mística en cada club, sumaríamos una posibilidad de motivación más. Quiero recordar aquí, en este momento una frase de ese gran deportista argentino que se llama Guillermo Vilas, frase que es quizás la síntesis del triunfo de la realidad sobre el pensamiento mágico. Normalmente se suele hablar de suerte, se dice: la suerte del campeón, nos faltó suerte, que mala suerte o que buena suerte. Descansando en la suerte la posibilidad y la justificación del triunfo o la derrota. Vilas acuñó una frase que le define a él como deportista, de donde sacó siempre la motivación y donde encontró siempre sus triunfos o derrotas. “Cuanto más trabajo, más suerte tengo”. Entonces sepamos también que todo lo que hagamos en los momentos previos a un encuentro es para reforzar y sacarle el mejor jugo al trabajo de la semana, del año y de la pretemporada. Quiero decir que de nada sirve utilizar el inflador cuando la cámara está pinchada. Nada nos aportará la acción psicológica si no tenemos el trabajo que justifique la mayor motivación. En mi práctica he intentado distintas acciones que apuntan a la comunicación. Cuando uno trabaja con juveniles es bueno pedirles paternalmente distintas cosas que se espera de ese jugador dentro de la cancha. Mi forma es pedirles desde lo afectivo, algo así como “quiero que me dediques el try que vas a hacer”, “dame tres tackles en los primeros minutos”, “el apertura contrario no se nos puede escapar”. El jugador responde afectivamente y hace el esfuerzo porque desea regalarle a su entrenador lo que este le pidió ya que necesita de su afecto y de su consideración. Seguramente algunos jugadores responden a ese patrón pero no todos. Otros necesitan generar compromiso con sus compañeros y hay que “comerles la cabeza” desde ese punto de vista. Por ejemplo alguna vez antes de un partido importante les pedí a mis jugadores que le dijeran al grupo qué le iban a entregar adentro de la cancha y así uno por uno fue diciendo que deseaba ese día entregarle al grupo. Tenemos que saber que esto no sirve para nada más que para meterlos en el partido. Todo lo que hagamos para arengar, es simplemente para moverlos y generar que el nerviosismo previo se transforme en adrenalina pura, es como acelerar el motor en el semáforo de largada. Solo sirve para el arranque. Pero ese arranque puede ser lo que marque la supremacía de un equipo sobre el otro. El haka de los All Blacks, tiene la particularidad de que actúa también sobre le rival. Así los de negro les dicen a sus ocasionales rivales que son más poderosos. Es un ritual que hace que se libere noradrenalina y se conecte el jugador con el temor anterior a la contienda y se compense con la seguridad del grupo. El haka es un ritual anterior al combate que tiene como única finalidad sacar el miedo al mismo enfrentamiento. Hoy diríamos disminuir el pánico escénico. Como entrenador me gusta estar presente en el calentamiento previo a un partido y caminar entre los jugadores e ir dándoles consignas cortas a cada uno, en voz baja e individualmente. Decirle a mi apertura, “atacá siempre que puedas”, a mi medio scrum, “disponé de las pelotas rápidas”, al tercera línea “quiero la vida en cada tackle”, al hooker “segura la pelota en el line”. A mi pilar izquierdo “ganá siempre le entrada”, al derecho “echale los kilos”. O puntualmente algo que tenga que ver con el partido en sí. También suelo aprovechar el momento donde se distienden un poco para hidratarse o cuando a algún jugador se le cae la pelota y voy y los junto, me hago el enojado y les pido que se enchufen diciéndoles algo así como “que les pasa, no quieren jugar, hay alguien que no desee entrar a la cancha” apuntando siempre a buscar ese plus que tiene que ver con el compromiso grupal. Como sabrá todo aquel que alguna vez entró a una cancha, el partido empieza la noche anterior, cada jugador tiene su particular forma de descargar las tensiones previas. La noche del viernes algunos lustran los botines, preparan el bolso con las cosas necesarias, ven si los agarres están bien, si los tapones están en correcto estado, las vendas, el protector etc. Repasan mentalmente cada jugada, sueñan despiertos el try que van a hacer. Todas estas cuestiones son como los actos previos en el sexo, cumplen la función de incrementar la excitación que se descargará en el orgasmo del partido. Por eso las horas pre partido hay que vivirlas intensamente. Es bueno que los jugadores se puedan juntar en las horas previas, ver algunos videos de partidos o alguna película tipo “Gladiador” o “300”. Es bueno que el equipo se junte para almorzar entonces preparamos entre todos los fideos y estamos juntos. Si nos toca jugar de visitantes hay que pensar actividades de conjunto para el viaje, ver un video en el micro si es posible y asegurar la concentración en el partido. Por diferentes motivos la energía acumulada tiende a ser expresada y si nos descuidamos y perdemos el control de esa energía se expresará como si fuera una eyaculación precoz y de nada habrá servido el esfuerzo. Estas pequeñas acciones hacen que las horas previas al partido sirvan para aumentar la concentración y la motivación, para disminuir los temores y para estar dispuestos a entregar hasta la última gota de sudor en el juego. El resto depende del trabajo realizado, de la calidad de nuestro rival y de las posibilidades reales para lograr el triunfo. Lo cierto es que si estamos frente a un grupo que trabajó fuertemente para obtener el logro buscado, la arenga o la preparación de la previa son cuestiones que aportan solo un plus y que de ninguna manera lograran que un jugador del montón se transforme en una superestrella. Finalmente voy a transcribir algunas arengas famosas que servirán para ver la fragilidad de ellas, sin dudar del alto valor emotivo que toman en el momento de ser expresadas. Siempre estas arengas hacen referencia al rival, tratando de decir que la suerte y la justicia deberían acompañarnos porque somos mejores que ellos y ellos representan la maldad. Phil Bennett, capitán de País de Gales. 1970 en un encuentro previo a un partido con Inglaterra, les dice a sus compañeros: "'Miren lo que estos bastardos le han hecho a Gales. Se han llevado nuestro carbón, nuestra agua, nuestro acero. Compran nuestras casas y sólo las usan una quincena al año. ¿Y qué nos han dado ellos? Absolutamente nada. Hemos sido explotados, violados, sometidos y castigados por los ingleses... Caballeros, contra esos tipos jugamos esta tarde". Esta del General Patton, por ejemplo: “No sólo vamos a matar a esos hijos de Puta, sino que utilizaremos sus cojones para engrasar nuestros tanques”.
Aumentar el valor del equipo, disminuyendo al rival o considerando sus fortalezas, es siempre utilizar al rival como un disparador del deseo más inconsciente, por lo que afirmaría que la arenga apunta siempre a ser el disparador de cuestiones primitivas enfundadas en afectos y sentimientos profundos. Una de Churchill: “Lucharemos en las playas, lucharemos en los lugares de aterrizaje, lucharemos en los campos y las calles, lucharemos en las montañas. Lucharemos hasta el último hombre jamás nos rendiremos” y otra de Julio Cesar: “Sabed que dentro de pocas horas, Juba se presentara ante vosotros con 10 legiones, 30.000 jinetes, con 1.000 soldados armados y 300 elefantes. Por ello dejen algunos de inquirir u opinar y crean en mí, que tengo segura información.”
En la final de la Copa Libertadores de América entre Palmeiras y Boca, en Brasil, antes del partido, Carlos Bianchi pegó en el vestuario recortes de diarios donde Scolari (DT de Palmeiras) había declarado que ya eran campeones, en silencio los jugadores leyeron las declaraciones del entrenador rival, esa fue una arenga silenciosa de parte de un especialista en motivación, Boca ganó esa final y se consagro campeón. Para finalizar me gustaría trascribir la definición de arenga de la Real Academia Española: “Discurso solemne de tono elevado pronunciado ante un conjunto de personas con el fin de enardecer los ánimos”. Entonces insisto, es un intento final de sacar algo más de los jugadores, en todo caso es deseable que el arengador sea el capitán del equipo, creo que los entrenadores no debieran, pedirle a sus jugadores otras cosas que no sea el respeto por el plan de juego y en todo caso transmitir el gran deseo de lograr el triunfo. La mejor arenga es la creativa, la que está cargada de ingenio y que fundamentalmente moviliza afectos profundos. La buena arenga pone a trabajar el dolor, la rabia, el odio, el miedo, el amor por los compañeros y por la historia y pone a trabajar estos sentimientos sublimados de tal forma que sea una motivación y no un estorbo a la hora de entrar a la cancha. A mi criterio la mejor arenga debe contener el trabajo que se realizó para obtener el objetivo, debe reforzar positivamente los valores y capacidades del grupo y debe apuntar al deseo, independientemente de los demás condimentos que tienen que ver con reforzar la valentía, la mística y la transformación del jugador en héroe por un rato. Me imagino un entrenador que en la charla previa dice algo así como: “Nuestro rival quiere lo mismo que nosotros, pero ellos desconocen cuanto hemos trabajado para este partido, si somos humildes, leales y solidarios, nadie podrá con nosotros, ¿Queremos ganar? ¿Sabemos lo que queremos? ¿Trabajamos para lo que queremos? Entonces si sabemos lo que queremos vamos a buscarlo.”
Michael Gourley, es neocelandés, psicólogo con experiencia en el campo organizacional y fue jugador de rugby del combinado provincial de Wellington. Hace unos días llegó a mis manos un artículo de su autoría que se llama “La ventaja de la psicología en el rugby”. En principio voy a tratar de hacer un pequeño resumen de lo que el artículo plantea y construir algunos conceptos partir de su pensamiento. Y jugando con sus palabras, plantear la “Ventaja Psicológica” en el rugby. Esto es cómo un equipo saca ventaja psicológica, en la medida que tiene un “deseo de poderío” que impone sobre su rival.
Gourley en este artículo propone algunas ideas relevantes, a saber: Sostiene, a partir del pensamiento del DT de futbool americano Vince Lombardi que “los entrenadores que pueden describir jugadas en los pizarrones son muchos, pero los que triunfan son los que llegan dentro de los jugadores y son capaces de motivarlos”. También sita a Graham Henry quien afirma que la actitud es todo. Si la actitud es la correcta –dice- se podrá alcanzar un estándar de juego alto y con ese estándar vendrán los triunfos. Entonces podríamos preguntarnos porque los libros escritos sobre coaching le prestan poca atención a como ganar esa ventaja psicológica o entonces, si la motivación es lo que hace a la diferencia, por qué los entrenadores no son preparados para tal fin o por que los entrenadores no se concentran en como conseguir lo mejor de los jugadores desde el aspecto psicológico. Sostiene Gourley que la mayoría de los libros de coaching están llenos de anécdotas de partidos, destrezas e información sobre destrezas, organización y aspectos técnicos del juego y son carentes de los aspectos psicológicos que llevarían al triunfo.
Creo que esta muy bien que sea así, ya que desde mi punto de vista la motivación llega del conocimiento de cómo superar al rival y eso es táctica y estrategia de juego y cuando el grupo de jugadores este mayormente compenetrado con el plan y patrón de juego mejor serán los resultados. Esto es lo que llamo “Alineación estratégica”. Quiero decir que el “factor psi” es un plus que solo puede sostenerse si sabemos que hacer dentro de la cancha, difícilmente pudiéramos ganar un partido con el mero voluntarismo. Entonces el “factor psi” es un plus importantísimo pero que solo toma esa importancia en la medida que sabemos que hacer dentro del campo de juego.
Gourley introduce en su artículo el par antitético “creatividad vs. Rugby sin errores” Sostiene que hay entrenadores que piden error cero y que en última instancia esto es un factor que funciona negativamente en el inconsciente del jugador ya que para evitar errores no se toman riesgos y las diferencias en el campo de juego entre un equipo y otro pasan por tomar riesgos, si uno no arriesga no hace lo suficiente para ganar. Comenta graciosamente la frase del legendario entrenador de basketball John Wooden: “el equipo que cometa la mayor cantidad de errores probablemente será el ganador”. Es decir que el equipo que comenta la mayor cantidad de errores habrá sido el que tomó más riesgos y por lo tanto con algunas de esas jugadas riesgosas se llegará a marcar más puntos. Si analizamos correctamente la frase de Wooden encontraremos mayores certezas, el cree que “el hacedor” comete errores y, dice “quiero hacedores en mi equipo, jugadores que hagan que las cosas pasen”. Esa afirmación es la completa antitesis del rugby “sin errores”. Agregaría que cuando uno hace los cursos de la Unión de Rugby de Buenos Aires, se queda con la impresión que la solución es jugar mucho predeterminado, es decir repetir secuencias de juego donde sabemos hasta quien entra en apoyo en la novena fase del juego. Eso es ajedrez y malo. Ninguno de los grandes campeones de ajedrez ni Tigran Petrosian, ni Boris Spassky, ni Anatoli Karpov, ni Garry Kasparov y obviamente ni el Gran Boby Fischer respetaban las clásicas jugadas, al contrario fueron grandes porque ellos inventaban continuamente las nuevas jugadas que el resto de los humanos se encargarían de repetir hasta el hartazgo. Podrán decirme que Deep Blue venció a Kasparov y la computadora jugó predeterminado contra la creatividad de Garry. También tenemos que recordar que Kasparov, acusó a IBM porque la multinacional luego de la partida, desmanteló a Deep Blue, y no aceptó una revancha pedida por Kasparov, a su vez el campeón mundial argumentó que en el juego se había hecho trampa y que en realidad Deep Blue no estaba en capacidad de ganarle a él. También Kasparov había pedido un informe detallado del segundo juego en el cual él había sido derrotado, IBM prometió entregarlo al final del juego, cosa que no cumplió. Pero en última instancia podría zanjar la diferencia diciendo simplemente que es una postura estética la preferencia por el juego abierto, desplegado y creativo sobre lo condicionado y repetitivo de lo puramente predeterminado. Vale recordar también aquí la frase del hombre mas inteligente que alguna vez pisó este planeta, me refiero a Albert Einstein: “No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo”. La esencia de lo humano es la creatividad y la repetición la esencia de lo robótico y de lo patológico. Sigmund Freud considera la compulsión repetitiva como la fuerza del inconsciente, esa fuerza representa el intento de elaborar lo no elaborado, la repetición reitera lo traumático y la creatividad esta cargada de la inteligencia y la salud suficiente para inventar el acto nuevo. La repetición es el arma más importante que tiene el rival interior, me refiero al rival más difícil de enfrentar y de vencer. A ese que anida en nosotros y que nos invade con angustias, enojos, agresiones y miedos. A ese que frena nuestra inteligencia y nuestra sabiduría, a ese que no nos deja pensar, a ese que nos deja sin paciencia para encontrar el mejor momento para alzarnos con el triunfo.
Continuando con el artículo de Gourley, este plantea también y diría en plena coincidencia con lo que planteo en “Rugby Interno” y en “Psicología y Rugby” la necesidad de centrar el trabajo psicológico en lo estrictamente grupal sobre lo individual. Si bien no descarto la posibilidad de la motivación individual, como Gourley creo que el trabajo individual se ajusta mucho más a aquellas disciplinas individuales. Aquí en este deporte es necesario lograr la sumatoria de los matices individuales en pos del crecimiento grupal y aquello que sea nocivo para el grupo tendrá recambio y ese pequeño ajuste permitirá que la pieza que no funcionaba lo suficientemente bien, trabaje personalmente en ajustarse a las necesidades del grupo. Esto es lo que llamó “ser uno con el grupo” que es en última instancia la finalidad psicológica del juego de rugby.
Finalmente Gourley en su artículo trata el tema de la sumisión psicológica de un equipo sobre otro y de la iniciativa como arma de sumisión psicológica. En principio deberíamos decir que de eso se trata el juego, “de vencer al otro en lo psíquico”, ya que eso seguramente traerá como consecuencia una diferencia en el tanteador a favor del que haya ganado la lucha psicológica. Podemos tener un equipo que sea fuerte en las formaciones fijas y haga retroceder al rival en el scrum y superarlo ampliamente en tamaño y destrezas. Que solo le deje al otro la posibilidad de tener poca posesión a partir de pelotas recuperadas. Si el apertura de este equipo se dedica a patear esas pocas pelotas, ese equipo no podrá cambiar el rumbo de la historia. Si en cambio toma la postura de atacar a riesgo de equivocarse, ese equipo no será sumiso psicológicamente e intentará cambiar supremacía por supremacía. Si un equipo no tiene posesión pero va a tacklear arriba, es la iniciativa sobre el territorio la que marcará la ventaja psicológica.
Entonces, para evaluar un juego el mejor criterio es evaluar cual de los dos equipos tiene la iniciativa. Concentrándonos en este aspecto, cuando evaluamos un juego, esa evaluación nos va a proveer información importante sobre el probable resultado del partido. El resultado usualmente depende de quien tiene el equilibrio psicológico a su favor. La iniciativa incluye criterios como la posición y la ventaja territorial, pero entendamos que es más que la suma de estos aspectos técnicos del juego. El equipo con iniciativa invariablemente impone el juego a su rival, ellos inician y determinan el diseño, el modelo de juego y la oposición lo sigue. Esto es lo que exactamente la palabra iniciativa sugiere. Tener la iniciativa permite a los jugadores actuar con confianza y dictar el juego. Les da la ventaja psicológica que invariablemente conduce al éxito. Nos cuenta Gourley analizando el fracaso de su selección en Francia 99 que “históricamente Los All Blacks han sido capaces de mantener la iniciativa a través de las fortalezas de sus forwards. Los cambios en las reglas de ruck han reducido sus oportunidades para obtener el dominio usando esta estrategia. La dominación a través de los forwards permitía a los tres cuartos jugar de acuerdo a un plan de juegos que querían esto era un modelo casi imposible de romper y llevo a Nueva Zelanda a vencer en el rugby por décadas. Siempre hubo una confianza y un objetivo en el juego del los All Blacks que fue admirado en el mundo entero. Aun así, aun los All Blacks parecen comunes y corrientes cuando pierden esa iniciativa. Cuando eso sucede pierden el objetivo, no tienen la misma coordinación. Esto fue demostrado en la Copa de Mundo contra Francia en 1999 cuando no tenían ni objetivo ni diseño o plan para su juego. En la temporada anterior habían perdido frente a Sudáfrica luego de una significativa ventaja de 17 puntos. Se habían vuelto defensivos perdiendo la posesión en el terreno y así cedieron la iniciativa a los Springboks quienes se metieron nuevamente en el juego y ganaron. Entre otras cosas contra Australia siendo ya avanzado el partido perdieron porque no tuvieron suficiente confianza en si mismos. Tomar la iniciativa e imponer el juego a la oposición tiene que ver con la confianza, esto se construye sobre un número de actitudes creencias y valores que le dan al equipo la motivación para imponer el juego a la oposición más que tomar una actitud defensiva.”
Es decir que si el equipo más poderoso del mundo puede perder la iniciativa, esto le da ventaja al que la quiere imponer. Enfrentarse a un equipo que el los papeles pueden ser más poderoso debería ser un reto y una posibilidad de demostrarse cuan ganador puede ser el equipo que menos chances tiene.
Ahora bien, hasta aquí algunos comentarios sobre el articulo de Michael Gourley “La ventaja de la psicología en el rugby”.
Yo cambiaría la enunciación “La ventaja de la Psicología en el rugby” y diría “La ventaja psicológica en el rugby”. Trabajar también sobre los aspectos psicológicos del equipo da una ventaja, allí donde el resto no lo hace. Pensar como ganar la batalla psicología es tomar la iniciativa, aun no teniendo posesión ni dominio territorial, la batalla psicológica se gana con la actitud de ir a buscar el ingol contrario, de tener la única finalidad como dice Gourley, de marcar puntos. Si pensamos en tener una buena defensa, la defensa no va a cambiar el resultado, en todo caso lo va a mantener. Si por el contrario pensamos que defender es nuestra arma de ataque, para recuperar la pelota y desde ese momento plantear un acto creativo que nos lleve a visitar el ingol contrario. Allí entonces la defensa es el primer escalón de nuestro ataque. Pero el segundo escalón, atacar con esa pelota recuperada, es el que marcará si tenemos o no la supremacía psíquica en ese segmento del partido. La diferencia y la posibilidad de éxito estará dada por lo que hacemos en ese segmento. Si disponemos de esa pelota para atacar el ingol contrario ganaremos la supremacía o si por el contrario la dejamos en un line out lejos de nuestro ingol, le entregamos la posesión y la iniciativa a nuestro rival y por lo tanto somos sumisos psíquicamente.
Regresemos a aquella enunciación de Wooden: “el equipo que cometa la mayor cantidad de errores probablemente será el ganador”. Supongamos entonces que hay alineación en el plan de juego y todos comparten la estrategia del entrenador, pensemos que vamos a tratar de no desperdiciar las oportunidades que tengamos ya sea a través, del dominio de las formaciones fijas, en el dominio territorial o simplemente la posibilidad que nos de el rival de trabajar sobre pelotas recuperadas, allí necesitamos hacedores, siempre necesitamos hacedores, creativos, inventores a riesgo, que se atrevan a cometer errores, esa es la única forma de cambiar el curso de un resultado desfavorable, es más diría que de la historia de un equipo. Al principio del articulo decía que: “un equipo saca ventaja psicológica, en la medida que tiene un “deseo de poderío” que impone sobre su rival. El concepto Voluntad de Poderío, es un concepto acuñado por Friedrich Nietzsche allá por 1880, Nietzsche sostiene que: “La voluntad de lo verdadero es una forma de voluntad de poderío. La voluntad de poderío es la forma primitiva de pasión y todas las otras pasiones son solamente configuraciones de aquella”. Ahora, ¿cómo llevamos la filosofía a la practica del rugby? Nietzsche, quizá el hombre mas solitario de la historia del mundo, el filósofo que pensando para los solos y desamparados, sirvió de mucho al pensamiento del nacional socialismo alemán, sostiene que hay un triunfo posible para aquellos a los cuales se les desconfía la posibilidad de éxito. Solo la voluntad de saberse verdaderos y no aceptar la dominación permite sobreponerse a la adversidad.
En otro artículo desarrollaba el concepto de “Rugby Interno” y con las ideas de Willy Railo sostengo que en la medida que uno pueda cambiar el concepto de “deber por el de querer” el deseo estará puesto a beneficio del triunfo. Cuando Nietzsche se refiere a Voluntad de poderío y lo sostiene como la forma primitiva de pasión, piensa esta fuerza interna como el concepto de pulsión en Freud. Es decir es esa fuerza que proviene del inconsciente más profundo y no del voluntarismo consciente. Este es el magma y solo hay que agregarle la paciencia que nos da la inteligencia y la serenidad. A veces vemos por TV cuando dos machos luchan por el territorio o el control de la manada, no parece haber diferencia a medida que se chocan, sin embargo de algún modo ellos están definiendo quien tiene la ascendencia. Unos van a mostrar algún signo de sumisión y después de algunos intercambios uno se va. En muchos aspectos el ser humano y por ende el deporte tiene elementos de esta conducta primitiva. La diferencia es que a la fuerza interior el hombre le suma inteligencia, entonces el que triunfe debe contar con esa fuerza interior subordinada al acto inteligente. Por lo tanto si sabemos que hacer dentro de la cancha, si sabemos como obtener la iniciativa, si estamos concentrados en nuestro trabajo, seguramente vamos a imponer ese deseo de poderío que haga que nuestro rival seda ante nuestras fortalezas y nuestra inteligencia y seguramente nos llevemos la alegría del triunfo. En otras palabras esas fortalezas internas y ese convencimiento son “La ventaja psicológica”.
“Mi experiencia a lo largo de los años me dice que la motivación es quizás el fenómeno más desconocido en la psicología del deporte. Supongo que conocemos pocos tipos de psicologías deportivas para contestar si se nos preguntara, ya que creo que nosotros (los psicólogos) no hemos tenido el éxito que deberíamos en nuestro mensaje educativo para el mundo deportivo. Todavía me cruzo con entrenadores (cada vez menos satisfechos) que piensan que un psicólogo deportivo es esencialmente “un motivador”. En ocasiones aún encuentro gente que me dice: “Motivación Dave. Eso es lo que tú haces ¿no? Motivar a la gente” Bueno, pues no amigo, eso no es lo que yo hago. No la mayoría del tiempo”.
Así comienza un artículo sobre motivación Dave Hadfield, que es psicólogo y trabajó contratado por la Unión de Rugby de Nueva Zelanda para desarrollar líderes de equipos de rugby. En este artículo sostiene que para comprender el concepto de motivación, que es una cuestión compleja, deberíamos pensarla sobre tres términos: dirección, esfuerzo y constancia. “La dirección (así lo explica Hadfield) se refiere a lo que estamos motivados a hacer o a ser. Algunos jóvenes están motivados a ser los mayores fumadores de narcóticos, o a ser los que beban más rápido en el barrio. Otros están motivados a ser los mejores jugadores de rugby que puedan ser, para representar a sus clubes, para mejorar sus destrezas semanalmente y conseguir sus objetivos. Todas son motivaciones, lo que ocurre es que la gente se motiva por cosas diferentes y en diferente caminos. Por supuesto, si un jugador de rugby está motivado para ser el mejor bebedor entrarán en conflicto de aspiraciones.” El esfuerzo se explica por si mismo. Se refiere a cuanta energía, compromiso, cuanto trabajo ponemos en el objetivo en el que estamos concentrados. Y por último la constancia se explica incluso razonablemente por sí misma. ¿Cuán resistente es un jugador al encarar obstáculos? Si él no es elegido por sus entrenadores para integrar el equipo al que ha estado esforzándose para llegar, ¿pensará que los seleccionadores son estúpidos, que no ven mas allá de sus narices, abandonará el equipo y se irá molesto? O pensará “bien, no puedo controlar las mentes y las decisiones de los entrenadores, pero puedo controlar mi esfuerzo y mi juego. Trabajaré tan duro y seré tan bueno que ellos no podrán rechazarme la próxima vez”. Entonces el jugador se va y se pone a trabajar en ello.
Esta es una simplista definición de motivación, pero nos va a permitir pensar que puede hacer un entrenador o inclusive un entrenador psicólogo para desarrollar la motivación en uno de sus jugadores. Si lo pensamos, bien diría que es muy poco los que se puede hacer. Nada podemos hacer sobre la elección del otro, mucho menos por el esfuerzo y la constancia, en todo caso solo podemos alentarlo y utilizar ese aliento para que vea que su elección, su esfuerzo y su constancia no caen en saco roto y son tenidas en cuenta por sus entrenadores. Podría decir, bueno fin al tema de motivación. Pero veamos como se puede profundizar el tema y tratar de hacer un poco más de luz. En otros artículos me he aproximado al tema y he expresado algunas ideas que voy a repetir en esta ocasión. Primero me gustaría seguir aclarando que en el rugby argentino donde el 95 % de los jugadores trabaja, estudia y muchos ya mantienen a sus familias, hablar del tema motivación parecería un absurdo. Por qué un jugador de rugby jugaría este juego si no es porque está motivado para hacerlo? Porque un tipo entrenaría martes y jueves con frío hasta las 12 de la noche, si no está motivado para hacerlo, además por qué otra cosa, que no sea porque está motivado se mataría en el gimnasio, le restaría horas a su trabajo, a su profesión, a su familia, sino es por el gusto de entrar a una cancha con sus amigos. Bien, a eso yo no llamo motivación. Motivación es una palabra, que al igual que voluntad, representan aquello que tiene que ver con un sobre esfuerzo, con un trabajo mayor, con hacer algo que va en contra de lo deseado. La Voluntad o la Motivación mueren en el Deseo. Todo lo que se hace con la fuerza del Deseo, no necesita de la voluntad ni necesita ser motivado. Alguien me dijo alguna ves acertadamente: “decime cuantos fanáticos tenes en tu plantel y te voy a decir como terminas en el campeonato”. El rugby en la argentina es un deporte de fanáticos amantes de lo que el rugby les da. En todo caso podremos trabajar sobre las desviaciones que este fanatismo ocasiona. Digamos que si la cultura del jugador de rugby es que el sábado después del partido sale con sus amigos a destrozar un boliche y a tomar todo el alcohol que tenga por delante. Como diría Hadfield, el problema es que también está motivado para hacer otras cosas que disminuyen su rendimiento en la cancha. Por lo tanto eso tiene que ver con un cambio de cultura y tiene que saber que rugby es igual a entrenamiento, alimentación y descanso. Si esto es entendido sabemos que la dirección la podemos enderezar y allí estará parte de nuestro trabajo y eso no lo haremos con el plantel superior sino con la cultura del club y eso se empieza desde abajo, trabajando con las divisiones infantiles y juveniles. Para mejorar el esfuerzo y la constancia de los jugadores que tenemos en nuestro club es siempre necesario pensarlo como una responsabilidad institucional y cuanto mejores sean las condiciones que les damos a nuestros jugadores mejores serán los resultados. Y verán como los esfuerzos personales y las constancias de nuestros jugadores se verán incrementadas. Desde ese punto de vista son muchísimas las cosas que se pueden hacer desde lo institucional para mejorar la motivación. Si en algún momento los dirigentes de un club se plantean como mejorar la motivación sin duda antes de contratar a un entrenador psicólogo, deberían analizar cueto pueden hacer personalmente para mejorar las condiciones de los jugadores, de esa forma potenciaran la capacidad de motivación de los distintos planteles.
Otro punto que ya he desarrollado en otros artículos es la necesidad de combinar caramelos y palos. Es siempre ventajoso decir primero lo que se hace bien y luego plantear aquello que hay que mejorar. Eso es parte de la motivación que un entrenador puede dar.
Nos aconseja Hadfield a los entrenadores que: “Si no podemos mejorar la motivación cuando el jugador vaya a jugar en tu equipo, en el peor de los casos no deberíamos dañar la que ya existe. Puede sonar muy duro lo que digo, pero pensemos en ello. Preguntémosno si nuestra forma de entrenar está ayudando a nuestros jugadores a mejorar sus habilidades, su toma de decisiones, su salud y su diversión en los entrenamientos y en los partidos. Si podemos responder “SI” (y estas en lo cierto) me quitaré el sombrero, estas haciendo un trabajo perfecto y necesitamos más gente como tú. Si algunas veces te preguntas si estas desanimando a un jugador, o si no estas llegando realmente a él con tu entrenamiento, pregúntate ¿qué quiere este jugador? ¿Por qué apareció al principio de la temporada para jugar a rugby? Usando un expresión empresarial moderna “¿Qué asombroso resultado esperaba para su pasta?” Si podemos responder a estas preguntas, estamos en el buen camino para ser capaces de motivar a nuestros jugadores, y lejos de “dañarlos”. Digamos entonces que si no podemos motivar, no arruinemos la motivación que ya tiene, porque de lo contrario estaremos bajando más su autoestima, nadie es sensible positivamente al grito, al maltrato, a la reprimenda. Si un jugador no hace lo que deseamos, es simple a ese jugador le falta entrenamiento, o no está haciendo lo que le gustaría hacer. Cuanto más conocemos a nuestros jugadores, mas fácil es encontrar la veta que tenemos que tocar para motivarlos.
Otras cuestiones a tener en cuenta en el tema son saber cuanto de placer hay en la tarea que este jugador hace, es decir cuanto disfruta de su juego. Que compromiso tiene ese jugador con sus amigos y compañeros de equipo. Que consigue ese jugador entrando a la cancha (tener amigos, jugar bien, ganar, tener mayor status social, mayor reconocimiento). Y finalmente cuales son sus condiciones físicas y de salud.
En la medida que tengamos en claro estos temas de cada uno de nuestros jugadores, seguramente vamos a ser más exitosos a la hora de motivar. Si a estas cuestiones le agregamos mayor conocimiento sobre su vida personal, sus gustos, sus otras motivaciones, su familia, sus núcleos de intereses, entonces será siempre más sencillo nuestro trabajo a la hora de motivar.
Arsenal de Zárate tenía fecha libre y no la desaprovechó. Por la mañana desde las 9:30 el plantel superior con la colaboración de los planteles juveniles, se montaron a Camionetas y Autos y con el mapa de la ciudad repartido en zonas, salieron a hacer la colecta solidaria que estaba programada. Se pasó casa por casa y el resultado fueron muchos kg. de alimentos no perecederos para el comedor de la escuela Numero 15, donde desayunan y almuerzan más de 300 chicos. Esta fue una iniciativa del Federico Indorado apoyada por todos los miembros de Arsenal Zárate. Pero la cosa no terminó ahí. Finalizada la colecta y organizadas las cajas con los alimentos, el plantel superior se dirigió al “Camping Las Tejas” en la isla Talavera a hacer un entrenamiento para fortalecer algunas cuestiones que tiene que ver con el carácter. Entonces guiados por los entrenadores Pertossi y Montero, con la asistencia técnica de Bernardo Ditgez, los rugbiers corrieron 6 Km. Atravesando el cauce de un arrollo seco, con barro hasta las orejas, cargando troncos, haciendo un trabajo de equipo y de supervivencia, en un circuito totalmente agreste y exigente donde finalmente cada equipo tuvo que meterse en el agua, con kayaks y atravesar distintos riachos internos del predio. Para complejidad estos riachos están llenos de camalotes y no hubo otra posibilidad que tirarse al agua y resolver el problema planteado.
Pero la cosa no terminó ahí, luego de bañarse y compartir un tercer tiempo con bebidas calientes para recuperar temperatura, esta vez los entrenadores con la asistencia técnica del Psicólogo Jorge Collado, realizaron un trabajo de “alineación estratégica”. La intención de este trabajo es hacer coincidir el plan de juego con el pensamiento de todos los jugadores. Finalmente se realizó un trabajo de dinámica grupal donde cada jugador resalta las cualidades y defectos. Llegó la noche junto con la satisfacción del deber cumplido.
En dos palabras puedo resumir cuanto he aprendido acerca de la vida: sigue adelante. Robert Frost
Introducción
Cuando solemos relacionar psicología y rugby, la primera pregunta que surge es: ¿En qué puede ayudar la psicología para el mejor desarrollo del deporte?
La respuesta no es fácil de contestar, porque en primer término creo que, cuando esa pregunta se dirige a mi persona, está mal formulada. Soy un rugbier que estudió psicología e hizo de la psicología su profesión. En principio puedo afirmar que en mi caso el rugbier le dio más al psicólogo que a la inversa. Soy mucho más el fruto de la educación de un deporte, que de una formación universitaria. Siempre me he sentido un rugbier, que quizás es un buen vocablo para expresar una forma particular de enfrentar la vida, es decir una buena manera de llamar a un luchador.
El rugby es un deporte formativo del carácter y de la conducta de los seres humanos. Por lo tanto tenemos que pensar que cuando trabajamos con chicos lo que le entregamos a cada uno de ellos es una herramienta para la vida y está mucho más allá de enseñar las destrezas y los gestos técnicos del juego.
Decía que en mi caso el rugbier le enseñó primero al estudiante a no entregarse frente a las dificultades, después al profesional a intentar mejorar continuamente, sin pensar en rivales y considerando que la mejora continua es una lucha encarnizada con uno mismo. El rugbier le enseño al profesional y también a la persona que jamás estamos solos en este mundo y que siempre uno puede encontrar solidaridad, fraternidad, igualdad, lealtad, en alguien con el que alguna ves compartió una cancha, un vestuario o un tercer tiempo o simplemente el deporte. En otras palabras el rugby da confianza porque enseña confianza, en uno y en el medio que lo rodea. Es fácil encontrar un medio confiable si estamos capacitados para diagnosticar ese medio, ya que aprendemos a diferenciar a partir de modelos que ya conocemos.
Sé, y la ciencia que llevo adelante lo afirma, que todas las personas son un milagro único de la naturaleza y por lo tanto diferentes entre sí. Que todos no aprendemos lo mismo y que todas las experiencias dejan marcas personales y distintas en cada persona, que todos los rugbier no son iguales y que ser un jugador de rugby no asegura ser buena o mala gente.
Pero, como decía Catamarca Ocampo, "Un deporte vale como consecuencia de la educación que deja en quien lo practica". Y este deporte educa para ser solidarios y leales, persistentes y capaces de soportar y afrontar las dificultades de la vida. No modifica la personalidad estructural, pero la templa intentando sacar el máximo de su rendimiento. La persona que aprende lo esencial de este juego (cuando lo esencial es su conjunto de valores) tiene en sus manos el herramental necesario para intentar ser feliz y a la vez útil en la vida. El rugby es como la vida misma, hay que poner la pelota adelante y adelante te espera un grupo de grandotes que te la quieren sacar. Es decir adelante siempre hay un problema que tenemos que solucionar y si lo intentamos y dejamos hasta nuestro último aliento, nos sentiremos satisfechos por el solo hecho de haberlo intentado, más allá, mucho más allá del resultado. El rugby afianza nuestra autoestima, nos hace sentir útiles, nos alienta a no negar los problemas y sobre todo nos alimenta con la posibilidad de saber que somos ganadores en la medida que dejamos todo dentro de la cancha mas allá del triunfo o la derrota ocasional.
Me preguntarán si es el único deporte que deja estas enseñanzas y la respuesta es No. Afirmo que el deporte es formativo es sí mismo. Pero este es mi deporte y lo considero el mejor de todos simplemente porque es el mió y trato de llevarlo a donde crea que hay un chico que necesita valores y aclaro que este no es un merito personal ya que se que somos muchos los que pensamos así y el rugbier más completo es el que entiende que además debemos difundir nuestro juego ya que esta es nuestra herramienta y nuestro aporte para lograr un mundo mejor.
El filosofo francés Gilles Deleuze, sostiene que el batir de alas de una mariposa puede generar un huracán y sostiene desde su pensamiento que el mundo no cambia por las grandes revoluciones sino que se modificará en la medida que se logren un sinnúmero de micro revoluciones. Para ser más claros, no creo que el mundo se cambie con sangre y si creo que se cambia transmitiendo valores y los valores que el rugby puede trasmitir son parte de los valores que harán de este mundo un lugar mejor. No quiero decir que todos los seres humanos tienen que practicar nuestro deporte, no quiero trasmitir un pensamiento fundamentalista. Simplemente sostengo que nuestro batir de alas en los entrenamientos de martes y jueves a la noche con frío o con lluvia, son además de nuestra diversión, nuestro aporte al mejoramiento del mundo en el que vivimos y que este nuestro aporte, no es más esencial que el del médico en el hospital público, ni tiene ese abnegado valor, pero es nuestro aporte y por lo tanto debemos considerarlo así y difundir el rugby ya que de esa forma transmitimos valores que hoy hacen falta en nuestra sociedad, y a su vez prevenimos enfermedades físicas y psicológicas.
Aportes de la Psicología al desarrollo del rugby Rugby Interno
Ahora sí estoy en condiciones de hablar de los aportes que la psicología le pude dar al desarrollo del rugby. La psicología es sin duda una ciencia que ha aportado mucho a la tecnología del deporte y sería siempre bueno que cada grupo de entrenadores incorporara a un entrenador psicólogo a su staff. Un entrenador psicólogo significa alguien que mire, analice e informe a los otros entrenadores sobre las dificultades en la cohesión grupal, sobre las necesidades de intervención en tal o cual jugador o en el grupo para permitir un desarrollo mas completo de las potencialidades de los hombres que conforman ese grupo, que por ende nos permitirá el crecimiento del grupo en sí.
Sostengo que no solamente hay un juego de destrezas que se desarrolla en el perímetro de juego, sino que hay otro escenario donde ese juego se desarrolla. Que existe una realidad del juego que se lleva adelante en el tiempo y espacio que marca esa realidad, como así también un espacio de desarrollo intelectual signado por los conceptos que cada uno de los miembros de un grupo tiene y que llamaremos realidad psíquica del juego o rugby interno. En términos del psicólogo noruego Willy Railo el juego interno coincide con esa realidad psíquica y el juego que vemos es parte de otra realidad. Entonces tenemos también una realidad mental, interna de cada jugador e interna del grupo en la cual intervenir y la cual se puede entrenar.
El entrenamiento mental consiste en procedimientos y ejercicios que lo ayudan a volverse más eficiente y mejor preparado mientras se trabaja para alcanzar los objetivos en el deporte. En la práctica, sin embargo, el entrenamiento mental puede ser mucho más que eso.
No hay nada místico respecto del entrenamiento mental. Es algo que todo el mundo hace consciente o inconscientemente, pero quienes lo realizan sistemáticamente generan mejores resultados. Desafortunadamente, mucha gente practica el entrenamiento mental “negativamente” y, sin mayores sorpresas, esto tiene un efecto negativo en el rendimiento. El entrenamiento mental negativo consiste de pensamientos irracionales, negativos y defensivos que llevan a disminuir el rendimiento y la calidad de vida. El entrenamiento mental positivo conlleva pensamientos lógicos, optimistas y acertados.
El concepto del entrenamiento mental fue introducido en Noruega entre los años 1970 -1980 por Willy Railo de la Escuela Noruega de Ciencias Deportivas. Por esa época, se centraba en mejorar el rendimiento en la competencia de los atletas de elite. La técnica incluía entrenamiento de la capacidad de relajación y manejo del estrés a través de ejercicios de relajación progresiva y del entrenamiento autógeno. A demás de incluir algunas imágenes objetivas, tales como “imagínese a usted mismo en el podio, con los aplausos retumbando en sus oídos”, o marcando el mejor try de la historia.
Hoy la función del psicólogo deportivo es generar intervenciones para lograr efectos positivos. Me refiero a intervenir sobre aspectos del pensamiento que harían del pensamiento de cada jugador un pensamiento positivo. Por ejemplo reemplazar los pensamientos de deber por los pensamientos de querer. No es bueno pensar que “debo” tacklear, seria bueno que el jugador piense en términos de querer y no de deber: “quiero” tacklear. El sentimiento de deber genera una exigencia extra. Es más positivo el uso de expresiones como "yo quiero", "yo aspiro", "yo puedo", ya que dichas palabras no están cargadas de una obligatoriedad, como las de "yo debo" o "yo haré dos tries". Las palabras que conllevan un imperativo como "deber" poseen dos ángulos: uno positivo que implica motivación y otro negativo que conlleva una exigencia. Si se cambia, en el diálogo interno, el yo debo por yo quiero, reforzamos el ángulo motivacional y le quitamos presión a la exigencia autoritaria. Sobre este concepto “rugby interno”, he pensado la existencia de un rugby dentro de un rugbier y de un rugby dentro de un grupo. Es decir todos los pensamientos, ideas y mundo interno que genera el juego en el psiquismo del jugador y del equipo. El objetivo que me propongo es analizar y hacer luz sobre los aspectos psicológicos del juego de rugby y de los jugadores de rugby en sí dentro del entorno social en el que se desenvuelven, conceptualizar algunos aspectos como rugby interno, interioridad, grupabilidad, alineación estratégica entre otros. Partiré de la premisa que existe un juego en la acción, digamos rugby, que conlleva consecuentemente una idea, un desarrollo intelectual y una imagen interna particular para cada sujeto que lo practica, a lo que llamo rugby interno. Esto implicaría la existencia de una representación mental del juego, es decir una interioridad del jugador, pero también una interioridad de grupo. Estas distintas interioridades tienen que alinear con el plan y los patrones de juego, a lo que llamaremos alineación estratégica. Alineación estratégica Cada entrenador o grupo de entrenadores pretende hacer un tipo de juego, que esta encuadrado en el plan y los patrones de juego. Hagamos el ejercicio de pensar en un juego totalmente predeterminado y que cada jugador entiende su rol y que sabe claramente que hacer después de formar un ruck, o cuando tenemos un line out en defensa etc. Que queremos hacer entonces? bien es necesario que cada jugador se alineé con ese patrón de juego. Como lo lograremos? Primero convenciéndolo de que de esa manera ganaremos el partido. Cuanto mas predeterminado es el juego mayor será nuestro trabajo de alineación y de convencimiento. Del convencimiento surge la unidad grupal y la motivación. Si el jugador desea (con toda la carga del termino desear) cumplir con el patrón de juego las posibilidades de lograr un mejor resultado serán mayores que si el jugador “debe” cumplir con el patrón de juego. Cuando el convencimiento es personal logramos dentro del campo de juego intérpretes y celadores del plan de juego. Cuando el grupo esta convencido nos encontramos con un equipo ganador con muchas herramientas para llegar a los objetivos planteados.
Deseo y Voluntad Sería bueno en este instante, recordar que el ser humano tiene dos combustibles para su funcionamiento, uno de un octanaje extraordinario y otro de un octanaje pobre. El deseo es el combustible mejor, con deseo se desarrolla la acción de una manera superlativa. El combustible de octanaje pobre es la voluntad. Con voluntad vamos a algún lugar, pero no tan lejos ni tan rápido. Pero para tener mas deseo que voluntad es necesario estar muy bien entrenado, ya que el jugador en excelente estado físico piensa mejor, no se desanima y puede desear durante los 80 minutos del partido de la misma forma, con la misma intensidad y tiene mejores armas para superar los contratiempos del juego. Hay algunas frases como: “Ahora hay que poner huevos”, “Tenemos que hacer de tripas corazón”, que apuntan directamente a la voluntad. Digamos que es tan difícil hacer de los pedazos de tripas un corazón que seguramente el corazón que nos salga será cualquier cosa menos un corazón que nos sirva para algo. He escuchado arengas de entretiempo, arengas de capitanes y entrenadores antes de salir a la cancha que apuntan directamente a la voluntad y poco al deseo. Para decirlo simplemente diría que la arenga apunta siempre a la voluntad, porque estoy convencido que el deseo no necesita ni siquiera de la arenga. La arenga válida sería algo como: “Vamos a ganar porque nadie en el mundo desea más que nosotros este triunfo”, “vamos a ganar porque soñamos con este triunfo”, “vamos a ganar porque trabajamos concientemente para triunfar”. Esto es mas o menos poner el deseo por sobre el deber. De esta manera lograremos en cada jugador y en el grupo un dialogo interno positivo, es decir con la primacía del deseo se lograría el convencimiento y el pensamiento positivo. Me imagino un entrenador que en la charla previa dice algo así como: ¿Qué queremos? ¿Sabemos lo que queremos? Entonces si sabemos lo que queremos vamos a hacerlo. Foco Otro aspecto a tener en cuenta es focalizar al jugador en la tarea es decir no perder el foco de la concentración por factores externos ni internos. Los factores externos son más fáciles de controlar que los internos, los factores externos tienen que ver con lo que rodea al jugador y al juego, por ejemplo mucho tenemos que trabajar para hacerle entender a nuestro jugador mas temperamental que el referee puede tener una mala tarde o no ver todas las infracciones que se comenten en un partido, si vivimos pendientes del referee, del público, de los entrenadores, seguramente tendremos allí una serie de distractores que modificarán el foco y la tarea pasará a segundo plano. Los factores de distractividad internos son menos controlables, estos tienen que ver con la subjetividad, con su relación con su mundo interno y allí es poco lo que se puede hacer en términos de trabajo grupal y más en términos de psicoterapia. La concentración se entrena, la repetición del ejercicio aumenta la concentración y lógicamente aumenta la capacidad para obtener mejores resultados. Sabemos que la concentración es siempre por un periodo de tiempo, el cansancio la disminuye. A mayor tiempo, mayor cansancio y menor concentración. Por lo tanto para aumentar la capacidad de foco se necesita mayor motivación y excelente entrenamiento físico. Solemos decir a tal o cual jugador hay que mantenerlo enchufado, ahí estará la capacidad creativa del grupo de entrenadores para encontrarle a esa individualidad la forma de aumentarle el foco. Suelen preguntarme por una receta para mantener enchufado a los jugadores. La receta es: “no hay receta”. Como decía al principio cada ser humano es un milagro único de la naturaleza, entonces se necesitan acciones especificas para cada una de esas individualidades y en cada situación especial. Cuanto más conocemos a nuestros jugadores mas especificidad obtendremos y mejores resultados. Sinergia La teoría de la sinergética fue un término acuñado por el matemático y físico alemán, Hermann Haken, a finales de 1940. Su teoría hace referencia a la autoorganización interna de los sistemas complejos; con ella pretende describir y analizar la aparición y estructuración de una nueva propiedad o una nueva característica en un sistema complejo. Para decirlo en términos más sencillos, sinergia es más que la sumatoria de fuerzas de un conjunto. Digamos que un equipo de rugby es un sistema complejo donde muchas son las variantes a tener en cuenta, esta complejidad esta compuesta por cada jugador, mas sus circunstancias personales, mas sus bagaje genético, mas sus cualidades como jugador etc. En un plantel superior tenemos un grupo no menor a las 50 personas, la alineación estrategia, el convencimiento de cada uno, la comunión con el patrón y plan de juego, generan una fuerza superior, porque la autoorganización interna del grupo se hace en derredor de un deseo común. Allí obtendremos lo mejor del equipo y la posibilidad de ser uno con el grupo. Esta es la nueva propiedad que supera la sumatoria de las individualidades. Lograr ese: “ser uno con el grupo” es el trabajo al cual apunta el entrenador psicólogo. El vocablo sinergia proviene del griego “synergos” que significa trabajar juntos para crecer y cooperar al desarrollarse. Es la integración de todos los elementos, con el objetivo de que el resultado sea algo superior al funcionamiento mismo de las partes. El resultado de esa sinergia es “lo grupal”, que es el estado de mayor cohesión al que puede aspirar un grupo, es lograr un pensamiento común con respecto al objetivo, utilizando cada individuo sus mejores argumentos para llegar a él.
Desarrollo intelectual y mejoramiento del juego
Ser uno con el grupo, sinergia, grupabilidad, son simplemente conceptos que nos permiten particionar para entender. Estoy convencido que el desarrollo intelectual hace mejores jugadores y mejores entrenadores. Hay entrenadores que basan su practica en el desarrollo en el campo de entrenamiento y si bien ese trabajo es totalmente necesario e irreemplazable, si a ese entrenamiento le agregáramos trabajo intelectual, el trabajo de campo sería potenciado por el entendimiento del juego. Por lo tanto recomiendo hacer entrenamientos de entendimiento del juego. La repetición verbal de los conceptos, el pizarrón, la utilización de videos, la explicación de los conceptos de juego, la justificación de por qué elegimos tal o cual camino para lograr el objetivo, no solamente sirven para el entendimiento de los que el o los entrenadores desean, sino que aumenta la motivación en la medida que se comparten las ideas. Si algunos en el grupo no comparten ideas es importante saberlo, para poder hacer los cambios necesarios para desarrollar nuestro plan y patrón de juego. Ese plan y patrón de juego es creado por el grupo de entrenadores y ellos los encargados de encontrar en el plantel los artífices para llevarlo adelante. El trabajo intelectual nos permite lograr que los jugadores entiendan el juego, aumentar la cohesión grupal, generar mayor motivación, Pero por sobre todas las cosas saber quienes son los interpretes más comprometidos con el objetivo y poder elegir a los mejores para cada función.
Confianza, caramelos y palos Me dejé para el final un consejo para ayudar a los entrenadores a conseguir mejores logros cuando se dirigen a sus entrenados. El principio básico es no pegar un palazo sin antes entregar un caramelo. Queremos mejorar y seguramente hay unos cuantos jugadores que no hacen las cosas como quisieran los entrenadores y ese es el trabajo de mejoramiento continuo. Por ejemplo un apertura que utiliza demasiado el pie, que denota más prudencia o que es más conservador, seguramente no arriesga lo que espera el entrenador si el plan de juego deseado es agotar el lado. Entonces si queremos atacar desde abajo de nuestras haches, difícilmente un apertura con estas características nos ayude a cumplir con el objetivo. Podríamos caer en el error que se solucionaría el problema con una charla donde se le pida exigentemente lo que se espera de él. Error, nada se logra sin convencimiento, el problema de ese jugador es de confianza, no saca la pelota afuera porque desconfía, del plan o de los interpretes, por lo tanto otro de los temas a trabajar para la cohesión grupal es el nivel de confianza que genera el plan y patrón de juego. Cuando la alineación está lograda, (es deseable que sea el primer objetivo grupal), la confianza y la motivación aumenta y esto solo se logra con triunfos, entonces sí, las pequeñas alineaciones es deseable que se hagan con caramelos y palos, es decir para recalcar algo negativo de un jugador o del grupo es necesario primero encontrar y recalcar algo que se haga bien y a partir de ese logro indicar que es lo que podemos mejorar. La disciplina Por último y no menos importante: “la disciplina” es el arma fundamental para llegar al objetivo. Si estamos convencidos, focalizados, motivados y alineados, el tema final es lograr la disciplina necesaria para transmitir esa mentalidad ganadora en algo que no sea un globo que se pincha con la primera dificultad. La disciplina es confianza en que los logros vendrán con la insistencia. La indisciplina es directamente proporcional al nivel de frustración, un jugador frustrado por las contingencias del juego o por factores externos al juego o de su propia interioridad, es un jugador que nos amenaza con dejarnos con uno menos. Los actos de indisciplina, ya sea por cuestiones técnicas (aquel jugador que comete más faltas) o por cuestiones de desbordes agresivos son siempre expresiones de falta de paciencia y de confianza en el juego que planteamos. Si estamos convencidos de lo positivo que es nuestro juego, solo debemos trabajar en esa dirección para lograr el objetivo. El jugador indisciplinado es un jugador falto de confianza y necesita mayor convencimiento y mayor trabajo de parte de los entrenadores para que logre ese convencimiento. De esa manera no perjudicará al grupo cometiendo infracciones y desbordándose con agresiones. El rugby de por si se juega con agresividad, y esta es un arma importantísima para lograr el objetivo, pero el error mas frecuente es confundir agresividad con agresión. Se necesita mucha agresividad para limpiar un ruck, para defender un maul, para penetrar una defensa cerrada, si nos frustramos en el intento esa agresividad se puede transformar en un acto agresivo inútil y generar de esa manera una tarjeta amarilla o roja. El rugby, a diferencia de otros deportes de menor contacto físico, necesita de un autocontrol mayor. Ese autocontrol es reforzado por la “alineación estratégica” y “lo grupal”. Sepamos que los entrenadores tenemos las responsabilidades intelectuales mayores y un jugador indisciplinado es un jugador no alineado con el plan y patrón de juego, por lo tanto ese jugador es responsabilidad del que lo ingresa dentro de la cancha.
Algunos se preguntarán por qué “El Ombú” es el símbolo de un club de rugby. Es sabido que detrás de esa enormidad gigantesca se oculta una hierba de maderas blandas e inútil, que es un arbusto solitario desperdigado en la llanura, símbolo del descanso del gaucho nómade y solitario. Pese a la creencia generalizada el ombú no es originario de la llanura pampeana, sí lo es de la selva misionera y del chaco formoseño. Por haber sido una de las primeras especies nativas en ser usada como ornamental, su distribución al interior de la provincia de Buenos Aires fue fundamentalmente a causa del hombre. Se sabe que comenzó a ser plantado hacia mediados del siglo XVIII, ya que ante ese “mar de pastos” servía presumiblemente como punto de referencia en la monótona inmensidad de la llanura, y también como mojón y lugar de descanso. El ombú se convertiría en un hito para los viajeros de la planicie y habiendo nacido gregario y selvático se transforma en un símbolo de soledad en la planicie. El ombú vive siglos, con su enorme copa verde, erguido y firme. No hay huracán que pueda derribarlo, ni rayo que logre fundirlo. Este arbusto generoso tiene una leyenda: dicen que en la creación Dios le fue preguntando a cada planta como querían ser, así el quebracho pidió ser fuerte y duro para resistir los golpes; el jacarandá pidió ser bello y vistoso como una mujer, el cañaveral pidió ser largo y duro para ser lanza de soldado y picana de los bueyes en el trabajo de las carretas. Finalmente le llegó el turno al ombú que pidió ser coposo para dar sombra y descanso a los caminantes; sin flores perfumadas, ni colores vistosos, ni jugo, ni siquiera fruto para comer. Que el tronco sea blando y que ni los clavos puedan quedar clavados en la madera. Dijo el Ombú: Dios quiero hacer el bien a los hombres, quiero aliviarlos de la fatiga cuando cruzan las llanuras y los montes, los ríos y las montañas, bajo el sol calcinante y muertos de sed en medio de la tierra reseca por el fuego y el calor . Pero hubo un especial ombú que le dio motivos a un grupo de amigos que utilizaban su sombra para albergar el cansancio de las tardes del juego con la pelota ovalada. Allí donde hoy se encuentra la cancha Dr. Néstor “Pancho” Jeanmaire del Arsenal Zárate Rugby había un frondoso Ombú, situado en la esquina nordeste del predio, en lo que era una planicie al pie de la barranca que permitía a aquellos rugbier el espacio para improvisar alguna tocata. Predio cercano al centro del pueblo, era reducto informal del juego cuando la cancha de rugby de Zárate estaba en Villa Eugenia. El ombú era un símbolo de la reunión, donde seguramente a su sombra crecieron los sueños de un club de una institución y de un juego que identifique a los que nos sentimos paridos por los deseos de “Pancho” Jeanmaire. Más allá de su blandura y de su floja madera, el Ombú en esta ciudad, es símbolo de reunión de rugbiers, de sueños a su sombra, de amistad, fraternidad, igualdad y solidaridad.
La Prehistoria
En 1973 un grupo de muchachos que no superaban los 25 años, liderado por el Dr. Néstor Emilio “Pancho” Jeanmaire tomo la decisión de practicar un deporte que en ese momento no se practicaba en la ciudad de Zárate: el rugby. Comenzaron a reunirse en el Club Atlético Belgrano. Entre ellos se encontraban quienes terminarían formando el equipo de rugby de la ciudad, llamado Zárate Rugby Club, lo que podríamos llamar la prehistoria del deporte en la ciudad. Como antecedentes solo podríamos mencionar dos, en la década del ´50, existió un equipo en la ciudad, pero no contamos con mayores datos, es de suponer que la comunidad inglesa hubiera formado aquel equipo que puede haber tenido su origen en el Frigorífico Smithfield o en alguna otra empresa inglesa de la zona, aún por los empleados ferroviarios, como ocurrió con tantos otros lugares. Por otro lado, los antecedentes mas recientes lo podríamos remontar a la educación de ese médico desgarbado, con anteojos y levemente encorvado, que había estudiado en el colegio Inglés San Jorge, que había aprendido a manejar la ovalada en sus campos de deporte y vestido la camiseta blanca de los Old Giorgian como wing tres cuartos. Pancho Jeanmaire fue el fundador y el primer entrenador del equipo del Zárate Rugby Club, se enfrentó con la difícil tarea de hacer entender no solamente las dificultades del reglamento, sino lo que es mucho mas importante la filosofía de un juego que sobre todo privilegia la lealtad, la solidaridad, el grupo y el respeto por las normas, la historia y el rival; un deporte que a diferencia de otros considera que el referee siempre tiene razón. Pancho solía de finir el rugby como “un juego de ladrones practicado por caballeros”. Haciendo hincapié en la posibilidad que nos da el contacto en este juego de tener acciones desleales. En cambio solo un caballero, teniendo posibilidad de sacar ventajas de su adversario, se ajusta a las reglas. Si un logro tiene el trabajo del Dr. Jeanmaire es que ha logrado en nuestra ciudad un deporte no clasista, siempre en la historia de este Club, desde entonces hasta nuestros días, se privilegió la posibilidad de practicar el deporte sobre cualquier problema económico o de pertenencia a determinado estrato social. Esta ideología nace en la figura del Dr. Jeanmaire, quien jamás segregó o discrimino a ninguno de sus muchachos.
Los pasos fueron endebles al comienzo y tomaron vigor con el pasar de los años, ya que no solo nace de este embrión el rugby de Zárate, sino que es la génesis del rugby de la ciudad de Campana, ya que este surge de un desprendimiento del rugby Zarateño.
Villa Eugenia
Los tiempos del Club Belgrano fueron cortos, era necesario un lugar permanente. Entonces una vez más el rugby contó con el apoyo incondicional del Dr. Jeanmaire. Su familia tenía algunas hectáreas sobre la ruta 12, frente al barrio Saavedra detrás de la fabrica de cartón corrugado de Schonlick, un descampado que tenía un par de pilotes de cemento con un cartel también de cemento pintado de blanco que con letras celestes que anunciaba un lugar seguramente a ser loteado: “Villa Eugenia”. No sabemos muy bien en honor a que Eugenia se lo nombro, pero si sabemos que allí se construyó la primer cancha de rugby de la ciudad. En una tranquera, típica de entrada a un campo, había un pequeño cartel de madera pintado con los colores amarillo y negro con tres letras: ZRC. Unos cien metros dentro del campo, después de cruzar un badén generalmente barroso e inundado se podía acceder al perímetro de la cancha. Muchos recuerdan la figura de Pancho caminando por la línea de cal, alentando a sus muchachos generalmente con su típico grito de guerra: “jogo bonito, jogo bonito”. También es difícil arrancar de nuestras memorias adolescentes el Ford Taunus verde o la Fiat 125 Blanca, de Pancho derrapando por el badén, haciendo eses, llegando urgido de su labor como médico a algún entrenamiento o partido. Todas las instalaciones se limitaban a las haches y las líneas de cal. Alguien alguna vez colaboró con una casilla prefabricada donde se pretendían hacer los vestuarios, esperanza que duró muy poco ya que en las soledad de la noche, algunas vacas que habitaban el predio, se habían apoderado de la endeble construcción y terminaron demoliéndola echando sus pesados cuerpos sobre las livianas paredes. Luego de cada partido era necesario contar con algún lugar confortable, para ofrecerles a nuestros rivales una ducha caliente y servir el clásico tercer tiempo. La gran mayoría de los muchachos eran socios del Club Náutico Zárate, entonces se utilizaban sus instalaciones, no solamente para atender a nuestros rivales, sino también para entrenar durante la semana en horarios nocturnos, los clásicos martes y jueves a partir de las 9 de la noche. Como siempre jamás importó la lluvia, el barro, el frío o la falta de agua caliente a las 12 de la noche en invierno. Siempre reinó un espíritu de camaradería y bromas. Pasaron algunos años y llegar a Villa Eugenia costaba un poco, sobre todo si se pretendía tener divisiones menores que avalaran el crecimiento como institución, ya era bastante habitual que se reunieran a entrenar en el predio que está en las intersecciones de las calles Rivadavia y Crucero General Belgrano, detrás de SADOS, una proveeduría que pertenecía a los empleados del Arsenal de Marinería que funcionaba por aquellos años, donde hoy funciona la Facultad de Derecho de la Universidad de Lomas de Zamora. En ese predio existía un enorme ombú y allí se entrenaba. Con el tiempo “El Ombú” se transformó en el símbolo de Rugby en Zárate.
Épocas de Cambios
Cuentan que alguna ves en la casa de los Giglionne, mientras Aníbal y Eduardo charlaban sobre la necesidad de encontrar algún club que albergara al Rugby, la madre propuso hablar con Domingo Batista, por entonces Presidente del Club Náutico Arsenal. Se le consulta al Dr. Jeanmaire sobre esa posibilidad y utilizando su buen nombre y su ascendencia en la sociedad, Pancho habla con Batista y este con los responsables del Arsenal y finalmente se consigue el predio del Ombú como un préstamo por 50 años. Pero tampoco el Náutico Arsenal contaba con una infraestructura como para albergar al rugby, no contaba con vestuarios acordes a las exigencias y era un club familiar del personal civil que trabajaba en el Arsenal de Marinería. Quizás el Club que naturalmente debiera haber albergado al rugby hubiera sido el Club Náutico Zárate. No es que no se hubieran realizado gestiones para ello. El predio estaba prestado para la práctica del rugby, se habían empezado a hacer los movimientos de tierra, para aplanar lo que era una barranca bastante pronunciada. Se necesitaba juntar fondos para tamaña tarea, se organizaban rifas, son recordados los bailes de disfraces en “Casablanca”, un boliche bailable que funcionaba en la calle Rómulo Noya, entre 19 de marzo y Justa Lima, que regenteaba Chambouleiron, que había vestido en algunas oportunidades la camiseta del Club. Alguna vez se organizó un rifa importante de una moto Kawasaki. Premio que ganó Osvaldo Cossa. Es recordado el esfuerzo que hacían todos para vender esas rifas, sobre todo la facilidad que tenía Sergio del Vecchio para vender talonarios enteros en pocos días. Pero lo cierto es que más allá de los trabajos de acondicionar una cancha en el centro de la ciudad, era necesario tener también una institución. Se mantuvieron muchas reuniones con el Sr. Héctor Giovanolli presidente por ese entonces del Club Náutico Zárate, esta institución siempre apoyo al rugby prestando sus instalaciones. Pero la realidad es que no terminaba de aceptar al rugby como un deporte propio. El Club tenía más un perfil de deportes náuticos y tampoco tenía mucho espacio para albergar al rugby. Alguna vez se pensó en comprar un predio en la Isla Talavera, pero fue un proyecto que durmió su tiempo, finalmente el predio fue adquirido por el CNZ, pero ya era demasiado tarde. Por aquel tiempo, en los albores de los ´80, se aproximaban elecciones en el CNZ y había un grupo de socios que pretendía simpatizar con el rugby, Giovanolli siempre había apoyado pero nuca había tomado la decisión esperada. La lista opositora estaba encabezada por el Sr. Migane; Camezzana y Giglionne mantuvieron conversaciones con él y producto de esas charlas, obtuvieron el perímetro de caños que conforman las barandas de la hoy cancha uno. Finalmente nada ocurrió con el CNZ y fue el Náutico Arsenal quien termino adoptando al rugby. Se aceleraron los trabajos de movimientos de tierras, una vez más fue el Dr. Jeanmaire quien aporto económicamente para terminar los trabajos, todos los jugadores del club trabajaron y aportaron muchos con dinero y otros su mano de obra. Uno de los problemas que surgieron fue hacer los pozos para plantar la haches, en principio se contrató dos peones que abandonaron la tarea al comprobar la dureza del terreno. Después hubo algún intento de Esteban “Piji” Basanta, de Camezzana y Giglionne, pero fue en vano, no pudieron perforar la tierra mas que unos pocos centímetros. Finalmente se lo contrato al Sr. Catrinacio, desde ese día conocido como “El Topo”, quien en una sola jornada realizó los cuatro pozos. Así la cancha estaba lista para el primer encuentro. Se contó también con la colaboración del municipio quien aportó la maquinaria suficiente para los trabajos de movimientos de tierra. También el Sr. Marcote toco algunos contactos y el Arsenal prestó una serie de palas para que los jugadores pudieran aportar su trabajo.
Los Colores
La historia nos cuenta que el rugby Zarateño utilizo en su historia tres camisetas. La primera solo duró algunos pocos partidos: Totalmente blanca, quizá fuera el deseo del Dr. Jeanmaire que se utilizara la camiseta de los Old Georgian, pero la historia real es que faltaba dinero para comprar camisetas, entonces se habían comprado unas cuantas camisetas de frisa en “Grandes Tiendas Palazuelo”, eran camisetas con el cuello redondo sin botones y mangas largas. Esa fue la primera camiseta del ZRC. La gran mayoría de los jugadores de aquellos tiempos provenían de la clase media o de clases trabajadoras, como siempre era difícil juntar el dinero para comprar botines, camisetas y el resto de la indumentaria, poner algún pesito para mejorar las instalaciones y pagar los terceros tiempos, que por aquellos tiempos solo era té con facturas o tortas aportadas por madres y novias. Los colores tradicionales del ZRC surgen, según cuentan los implicados, de una gran indecisión. El primer grupo de comando que tenía el Dr. Jeanmaire, conformado por aquellos tiempos por Pablo Giorno, Osvaldo Dalquié, Jaime Felber, Jorge Batista, Carlitos Schinonni, Alejandro Bagato, Darío Vinent, Oscar Tonetto, el gordo Ramos entre otros, tuvieron la responsabilidad y el honor de elegir los colores que los identificarían. Ellos decidieron que Amarillo y Negro serian los colores, los mismos que tenía una cortina que había en el Hotel Welcome, donde se hacían las ocasionales reuniones. Así surgen los colores de la segunda camiseta del club, a rayas horizontales de cinco centímetros, con el cuello y los puños amarillos. Se compró un juego de camisetas muy similar a las que utiliza hasta el día de hoy el Club Obras Sanitarias. El pantalón negro y las medias amarillas con rayas horizontales negras. El resto es la historia más reciente, cuando el rugby se muda en 1981 al Club Náutico Arsenal, allí, no sin dolor, se abandonan los colores amarillo y negro y se adoptan el blanco, azul y rojo, que eran los colores del club. Fue Eduardo Giglionne quien diseñó la camiseta que conforma hasta hoy la indumentaria del club. En el año 1982, un grupo de jugadores y dirigentes del rugby argentino toman la decisión de enfrentar al equipo nacional de Sudáfrica, sobre esta nación caía una penalización política de la gran mayoría de países de no enfrentarlos deportivamente por el tema del apartied. Este grupo de jugadores y dirigentes forman un equipo continental el que se llamó Sudamérica XV, aquel equipo capitaneado por Hugo Porta, fue el único equipo argentino que logró ganarle a los Sprinboks en Sudáfrica. La camiseta tenia tres rayas sobre el pecho una verde, una naranja y otra azul. Eduardo Giglionne copió aquel modelo cambiándole los colores y poniéndole los colores del club. Continuará
El psicólogo Sueco Willi Railo en colaboración con el entrenador del seleccionado ingles de fútbol Sven Goran Ericsson, escribieron un libro llamado “El Juego Interno”. Si tuviera que explicar el contenido del libro en pocas palabras diría que: Willi Railo propone que en el deporte es más positivo el uso de expresiones como "yo quiero", "yo aspiro", "yo puedo", ya que dichas palabras no están cargadas de una obligatoriedad, como las de "yo debo" o "yo haré dos trys". Las palabras que conllevan un imperativo como "deber" poseen dos ángulos: uno positivo que implica motivación y otro negativo que conlleva una exigencia. Si se cambia, en el diálogo interno, el yo debo por yo quiero, reforzamos el ángulo motivacional y le quitamos presión a la exigencia autoritaria.
Sobre este concepto fundamental, he pensado la existencia de un rugby dentro de un rugbier y de un rugby dentro de un grupo. Es decir todos los pensamientos, ideas y mundo interno que genera el juego en el psiquismo del jugador y del equipo.
Objetivo
El objetivo de este trabajo es analizar y hacer luz sobre los aspectos psicológicos del juego de rugby y de los jugadores de rugby en sí dentro del entorno social en el que se desenvuelven, conceptualizar algunos aspectos como rugby interno, interioridad, grupabilidad, alineación estratégica, rol del entrenador psicólogo.
Partiré de la premisa que existe un juego en la acción, digamos rugby, que conlleva consecuentemente una idea, un desarrollo intelectual y una imagen interna particular para cada sujeto que lo practica, a lo que llamo rugby interno.
Esto implicaría la existencia de una representación mental del juego, es decir una interioridad del jugador, pero también una interioridad de grupo. Estas distintas interioridades tienen que alinear con el plan y los patrones de juego, a lo que llamaremos alineación estratégica.
Apreciaciones preeliminarles
La práctica de cualquier deporte necesariamente compromete aspectos personales, del orden de la relación con los demás (familiares, sociales etc.) y aspectos internos (personalidad, carácter, características psicopatológicas, etc.).
Quiero decir con esto que la preparación psicológica del deportista es tan importante como una adecuada preparación física. Pero esta afirmación desde hace mucho tiempo es una verdad que ya nadie discute.
Lo cierto es que el deportista se entrena física y mentalmente como una unidad. Ya la medicina y la psicología se han encargado de dividir al individuo para hacerlo objeto de estudio, simplemente para facilitar su propia labor, así se estudia el soma por un lado y la psiquis por el otro.
Por suerte, el deportista no esta comprometido ni interesado en estas cuestiones de la discusión científica, por lo tanto se prepara física y mentalmente para la competencia en el mismo instante, demostrando una vez más que psiquis y soma son dos caras de una misma moneda.
Con esto también quiero decir que la participación de un entrenador psicólogo, no se puede dar fuera del campo de entrenamiento. Prefiero llamar entrenador psicólogo y no psicólogo a secas, porque creo que la participación de un profesional en la materia, primero debe darse dentro del contexto del cuerpo técnico y segundo porque las aptitudes de la personalidad de un jugador de rugby también se entrenan.
En otro aspecto, el Rugby como otros deportes colectivos no sólo necesita una preparación mental y física del deportista, sino también lo que es más importante, un funcionamiento grupal que merece ser entrenado. Obviamente, no existe un laboratorio que permita entrenar este aspecto. Entonces lo grupal, lo colectivo, lo solidario se entrena también en la cancha, si bien podríamos hablar de una cancha un tanto más extensa, incluyendo otros espacios donde el grupo funciona realizando otras actividades del plantel, me refiero avestuarios, quincho de rugby,preparación de los terceros tiempos, recaudación del dinero del plantel para viajes o terceros tiempos, el ejercicio del liderazgo del capitán fuera de los ámbitos del club, etc.
Grupabilidad como base del entrenamiento psicológico
Función del entrenador psicólogo
Particularmente en el Rugby ser uno con el grupo es una necesidad básica para el buen funcionamiento del equipo, a esto llamaremos grupabilidad.
Aquí, planteo un cambio de estrategia en la concepción de la labor del psicólogo deportivo. Ya no como un agente que solamente estudia, evalúa e interpreta, sino también como una herramienta más con la que elEntrenador o el grupo de entrenadores cuentan.
Necesariamente su labor se realizará desde la interioridad del grupo formando parte de él. Aquí sostengo, oponiéndome a gran parte de la cátedra, que el entrenador psicólogo no puede lograr modificar al grupo si no lo integra, es decir así como el medio scrum o el apertura cumplen una función especifica en el juego, o el capitán del equipo fueray dentro de la cancha,el entrenador psicólogo tiene especificidad de función pero no distinta que el entrenador de line out, es decir siempre dentro del grupo. De la misma manera que hablamos de la polivalencia del jugador, la polivalencia del entrenador psicólogo debe entenderse como tal. A la hora de acompañar a un jugador al control antidoping, a la hora de estimular a otro entrenador, a la hora de ayudar para encontrar el hilo conductor de una conversación sobre la forma del juego, a la hora de generar cohesión entre los entrenadores, etc.
También se sobreentiende que el entrenador psicólogo no es necesariamente el agente de cambio, pero si quien estimule al ocasional agente de cambio a realizar su aporte creativo.
Por otro lado, desde su especificidad tendrá que encontrar el representante interno del plan y los patrones de juego.
Definamos ahora a que me refiero con representante interno y a qué nos referimos con interno.
Digamos simplemente que la interioridad es el representante mental de lo que ocurre en el campo de juego. Digamos que existe un juego en la realidad y un juego interno, es decir una realidad fuera, compartida con el resto de los integrantes del plantel, pero al ser leída desde una subjetividad genera una representación psíquica que conforma lo que llamamos “realidad psíquica” de cada uno de los miembros del plantel.
Por ejemplo, cada integrante del grupo tiene su versión particular del concepto de "toma de decisiones". Esa versión particular es el propio camino andado, cargado de un bagaje personal, que va conformando su subjetividad. Para que se entienda podríamos decir que todo el mundo dice la palabra "mamá" pero que cada sujeto se refiere a la experiencia particular y única constituida en la relación con su propia madre. Entonces "toma de decisiones" significa para todos distintas cosas más o menos parecidas, seguramente más diferentes en la medida que menos experiencias en común tengan. Digamos a modo de ejemplo que el concepto de "toma de decisiones" se ha modificado en la gran mayoría de los seguidores del Rugby después de ver el último mundial, ya que esa experiencia generalizada aunó el concepto.
Pero esto no es todo con respecto a la interioridad, como decíamos este deporte trata de lograr una cohesión en el plantel que llegue a su máxima expresión que es enunciado aquí como "Ser uno con el Grupo". Por lo tanto habrá una interioridad de grupo distinta que la interioridad individual y que no es la sumatoria de las mismas, ni siquiera un promedio, incluso no mensurable. Esta interioridad del juego es la definición misma del grupo. Digamos que el grupo funciona autárquicamente de las distintas subjetividades, el patrón de juego es lo más parecido a la subjetividad del grupo si este es llevado a cavo, podríamos decir que cuando el grupo mas se acerque al patrón de juego, estará mas alineado con las interioridad del subgrupo entrenadores.
Cuando esta definición de interioridad, digamos esta realidad psíquica esté lo suficientemente alineada, digámoslo para simplificar, con la interioridad del Entrenador, entonces podríamos afirmar que el equipo se va convenciendo del juego que pretenden los entrenadores.
Diría entonces que se va conformando con el plan y patrones de juego que pretenden los entrenadores, es decir va tomando forma.
Ahora bien, hasta lo aquí expuesto, tendríamos que distinguir entre tres interioridades diferentes: la realidad psíquica del jugador compuesta por su subjetividad, la interioridad del grupo o realidad psíquica del grupo y finalmente la interioridad del subgrupo de entrenadores, que es la que coincide con plan y patrón de juego. La función del entrenador psicólogo es lograr la alineación de las dos primeras sobre la última.
El entrenamiento, como base de lo actitudinal
Bien, aclarado el tema de la función del entrenador psicólogo y definido el concepto de interioridad, lo que ahora nos interesa es la representación mental que el deportista internaliza cuando se prepara para el juego. Es decir esto que llamamos Rugby Interno.
Especialmente del rugbier se requiere valentía, coraje, fuerza moral, inteligencia para tomar decisiones bajo presión, motivación, concentración, liderazgo, solidaridad, adaptación permanente a la función, polivalencia, iniciativa y más. Por lo tanto estos aspectos de la personalidad no son algo que debemos descuidar a la hora de programar un entrenamiento.
Generalmente, en la experiencia de entrenar jugadores de Rugby en la Argentina, en un club de segunda división, donde no contamos con las comodidades con las que cuenta un jugador de elite, entrenar algunos aspectos de la fuerza moral, se simplifican cuando se entrena en invierno, en el barro y en horarios no del todo cómodos, generalmente después que el jugador desarrolló una jornada de trabajo, con jugadores que trabajan en fábricas, muchas veces con horarios rotativos o son profesionales que recién empiezan con su labor profesional y no pueden descuidar los aspectos esenciales de una economía que por estos lados del planeta golpea y duro. Jugadores que viajan una hora y media para llegar al entrenamiento después de un día de trabajo o de estudio, que no deben desatender porque difícilmente el Rugby les dé de comer. En estos casos, el tema del entrenamiento de la motivación es más que sencillo, sabemos que quien atraviesa todos los inconvenientes de una dura rutina, lo hace porque cuenta con la fortaleza espiritual que caracteriza al rugbier.
Quiero decir que el jugador que soporta todas estas dificultades para lograr entrenar, esta dotado de una fuerza moral que le permite practicar este deporte que requiere siempre algo más de uno. Un deporte que le pide que no se quede en el piso cuando se golpea, que se reposicione rápido después del contacto, que tome decisiones constantemente cuando tiene la pelota o sin ella, que no descanse en ninguna contingencia del juego, que no pierda jamás la concentración, que esté siempre atento a las necesidades de sus compañeros, que confíe en ellos y que nunca juegue para lucir su narcisismo sino en función del grupo.
En definitiva por estos lares del mundo, el Rugby es como la vida misma, luchamos por ir para adelante, enfrentando a cada centímetro una dificultad, debiendo tomar decisiones correctas constantemente y como si esto fuera poco el mismo juego aporta la dificultad que implica pasar la pelota hacia atrás. Lo que hace que lo primero que va adelante sea la propia piel, que recibe el golpe en el contacto y aun así no deberíamos perder la pelota y en el mejor de los casos dar un pase correcto jugando dentro de una aguerrida defensa. Es decir, una metáfora de la vida misma, donde uno lucha por ir adelante, con todo su esfuerzo y capacidad enfrentando las dificultades diarias de un mundo altamente competitivo, resolviendo a cada instante un problema, tomando decisiones generalmente bajo presión y sin alejarse de la Ley.
Se suele hablar de cero errores y creo en eso, es decir siempre trabajamos buscando la perfección, el ser humano no es perfecto pero es perfectible. Tener la iniciativa es poner en riesgo la posesión de la pelota ya que solo la puede perder aquel que la tiene. Entonces como dice Carlos Bianchi: “el equipo que cometa la mayor cantidad de errores probablemente será el ganador”. Solo el hacedor comete errores.
Veamos ahora los aspectos más internos de este juego. Qué se necesita de un buen rugbier y cómo se entrena.
Al igual que el gesto técnico que hace al buen jugador de rugby, hay algo que tiene que ver con la personalidad del rugbier, que se entrena desde infantiles, esto es estimular el servicio al compañero. Si consideramos que correr para adelante, tener un buen pase, poder tomar la decisión correcta en un dos contra uno, abandonar la idea de ser el que marca un try y trabajar para que el compañero pueda hacerlo, son algunos de los principios de un buen jugador de rugby, tendríamos que poder distinguir entre un rugbier y un buen jugador. La diferencia es que un Rugbier es un tipo que desarrolla su juego también fuera de la cancha y eso no se entrena, eso se enseña y solo se puede enseñar con el ejemplo. Si pudiéramos entender en su total magnitud que esta es una verdad que es necesaria sacarla del frasco de las palabras y llevarla a cada rincón de nuestros clubes, nuestra función como entrenadores, jugadores, dirigentes estaría cumplida en un alto porcentaje.
Quiero redefinir por diferencia al "Buen Jugador de Rugby" y al "Rugbier", digamos que en todo caso el segundo es el que privilegia lo solidario a la destreza sin descuidar esta última. Alguna vez pregunte por la diferencia y me dijeron que el Rugbier siempre deja algo en el Club. Aún me conforma esa definición. Dejar algo, hacer la historia de nuestro club es transmitir los valores solidarios de nuestro juego.
Entonces el Rugby interno allí comienza, en la función solidaria, en enseñar que el espíritu del rugby es pura solidaridad, es fundamentalmente dar al otro, es el servicio del que junta las pelotas y los conos después de cada entrenamiento, es la función de alcanzar el tie al pateador para que este acierte una conversión, es ir a la espalda del compañero cuando este porta la pelota, es tener la confianza ciega que al lado de uno hay catorce, y eso es ser uno con el grupo. También poder reconocer que la solidaridad es un canal de ida y vuelta. No solamente tenemos que aprender a dar sino también tener la mano abierta para aceptar lo que nos da nuestro compañero.
Podríamos agregar que para un entrenador “El Saber Escuchar” debe ser el principio solidario guía. Ser uno con el grupo para el entrenador, no solamente es cumplir su función de llevar a cabo la estrategia del juego o enseñarle a cada jugador las destrezas individuales, sino fundamentalmente hacer el ejercicio de las descentración para transformarse en el personaje que lee y escucha el universo donde se desarrolla el juego.
La Solidaridad es el principio básico de este deporte, esto que lo caracteriza, que a los que hemos pasado por este juego nos hace decir que es el mejor deporte, que es una escuela de vida, que nos hace sentir orgullosos de pertenecer a esta familia. La solidaridad es la piedra angular en nuestro juego interno, no hay rugby si este no es solidario.
Desde allí, llamémoslo ahora compromiso con el otro, comienza a amasarse una moral que hace a la fortaleza del jugador, esta pulsión gregaria, esta necesidad personal de asociación hace al rugbier y le facilita el aprendizaje y el entrenamiento. La capacidad de compromiso ya no es una aptitud del jugador sino el ejercicio de ser uno con el grupo. El individuo deja de ser uno y funciona en la red, digamos que es un sujeto sujetado al grupo.
Ahora bien, si el principio solidario del juego se aprehende y no se entrena, si la motivación se entrena pero es fácil encontrarla en determinados medios, entonces qué es lo entrenable y cómo. El cómo es más fácil de explicar que el qué. El cómo esta ligado a la intencionalidad del ejercicio.
Si en un partido fallamos en los lanzamientos de line out, seguramente en los entrenamientos de la semana se pondrá mayor énfasis en el line out, si la falla esta en la concentración, todos y absolutamente todos los ejercicios de la semana estarán regidos por la lupa de la concentración.
Así el cómo, ahora el qué. Bien la concentración, definamos por concentración a la capacidad del jugador de centrarse en la jugada y descentrarse en las posiciones del rival. Un ojo puesto en la pelota, la conciencia en su posición y el otro ojo puesto en la distribución de lasposiciones del rival. Una aptitud que parte de la subjetividad a lo grupal, de lo individual a lo colectivo. En la medida que el jugador entiende lo que se requiere de él, es decir analizar rápidamente su posición, su función y la distribucióndel rival en el campo, este jugador comprende y resuelve, por lo tanto aumenta su capacidad de concentración.
La concentración lo atrapa por más que la pelota ya no este cerca de él, el jugador comienza a sentirse importante en cualquier sector del campo y en cualquier momento. Esto aumenta su autoestima y su confianza ya que puede no tocar la pelota en todo el partido pero cumplir con una función necesaria para el grupo.
La toma de decisiones correctas, digamos que hasta donde sabemos un jugador tiene tres posibilidades en la toma de decisiones cuando tiene la pelota (correr, pasarla o patear) pero estas posibilidades se multiplican cuando no está en contacto con ella. Tomar decisiones correctas es apoyar, entrar a la espalda del compañero, leer continuamente su posición en la cancha, quedarse profundo o entrar agachado a una formación, cambiar en la defensa posiciones con sus compañeros dejando los mas lentos dentro y los más rápidos afuera, o tomar espacios para otra ola de ataque, etc.. Con la exigencia de la polivalencia del jugador, requerimos de él mayor inteligencia, mayor lectura del juego y mayor capacidad en la toma de decisiones. Anteriormente bastaba con saber correr la cancha, hoy esa verdad es tan antigua como el juego por posiciones. Si bien en nuestro juego aún hay muchas especificidades, como tirar la pelota desde al line o el ingreso del pilar derecho al scrum, la realidad es que hasta el juego de los backs se ha transformado en un juego de delanteros. O para decirlo de otra manera, si el principio que rige a una buena defensa es atacar la posición del contrario, cual es la diferencia entre backs o forwards. En este caso la polivalencia también se entrena. Hoy podríamos hablar de los forwardsreunidos y los forwards desplegados, haciendo hincapié en el juego por roles y no por posiciones.
Tomar decisiones para el jugador polivalente es un ejercicio que se realiza jugada a jugada en cada partido desde el primer minuto de juego, por lo tanto hay que entrar despierto y concentrado, “enchufado” como decimos en casa, y en el último minuto del partido hay que cuidar y administrar el aire, el cansancio y poner el último tackle como el primero. Aquí otro tema a entrenar, ya que se entrena una aptitud para el primer minuto o para después de una hora y media de juego.
Como vamos notando en todos los casos las aptitudes psicológicas y las físicas son indivisibles, por lo tanto, el entrenamiento de estas aptitudes jamás se realizaran por separado, lo cierto es que lo que nos permite el cambio de mentalidad es la intencionalidad del entrenamiento, por eso cuando se diagrama el entrenamiento de la semana el entrenador psicólogo, dará su opinión y explayará su intención de entrenar tal o cual característica.
La búsqueda del efecto deseado.
Muchas veces nos enfrentamos con situaciones no queridas o no esperadas en la relación entre uno o variosjugadores y algún miembro del cuerpo de entrenadores. Como es de suponer no hay relación humana sin conflicto, por lo tanto, el buen funcionamiento del grupo no es cero conflicto, ya que esta premisa anularía la existencia del grupo. Entonces pensemos que grupo es igual a conflicto posible. Es más, sin conflicto no sería posible el crecimiento del juego, por ejemplo hace un par de años les pedíamos a nuestros jugadores que fueran rápidamente al piso cuando entraban en contacto con el rival generando un ruck y al apoyo le pedíamos limpiar la formacióncon la mayor premura para que el medio scrum dispusiera de una pelota rápida. Pero también le pedíamos a la defensa que se posicionara más rápidamente para que nuestro rival no dispusiera de esa pelota rápida. Entonces mejoró el ataque, pero también la defensa, por eso hoy le pedimos al portador de la pelota que traccione en el contacto para seguir avanzando y permitir la formación de un maul que nos genere avanzar en el terreno lo máximo posible. Bien, para internalizar un concepto nuevo es necesario abandonar un concepto viejo, para crecer en el juego necesariamente hay que abandonar los viejos esquemas de pensamiento, por lo tanto cada vez más necesitamos pensamientos nómades sobre pensamientos estáticos. Este dinamismo, propio del juego de hoy, no sería posible sin contar con cabezas nómades capaces de considerar lo creativo como agente de cambio. Sabrán los que conocen este juego y su gente, que muchas veces trabajar para el cambio de mentalidad en nuestro medio es una durísima tarea, más cuando interactuamos con personas de mucho carácter y muy estructuradas. Carácter y estructura que han adquirido en la práctica de un deporte duro.
En todo caso, siempre trabajamos para lograr el efecto deseado, aún en los conflictos personales.Por lo tanto, el entrenador psicólogo se va encontrando con conflictos que debe ir subsanando en función de llegar a la meta deseada que es la alineación estratégica entre las distintas interioridades. Tal vez, la más ardua función sea lograr que los entrenadores elijan la mejor herramienta motivacional para lograr el más alto rendimiento de un jugador o del grupo.
Y aquí vale todo, sabemos cómo es cada uno de los miembros del grupo. De algunos sabemos que es necesario trabajar siempre desde el refuerzo positivo marcando constantemente lo que hacen bien para que no consideren una crítica cuando se les marca lo que deben corregir. Para muchos jugadores la motivación es el aliento sobre lo que pueden mejorar o mejoran, para otros la dureza del entrenador, no como crítica, le sirve para encontrar en ellos el mejor rendimiento, otros son hijos del rigor y necesitan la charla individual, los reclamos del capitán del equipo o del propio entrenador. Lo importante es que si el entrenador utiliza alguna forma de intervenir, digamos no del todo ortodoxa, el requisito mínimo que se le pide, es haber pensado esa posibilidad, es decir que la acción tenga la intencionalidad de generar un cambio positivo en el jugador. Si conocemos profundamente las características de personalidad de cada uno de los miembros del grupo, encontraremos la respuesta para saber cómo debemos lograr la motivación deseada y el más alto rendimiento. Hace relativamente poco tiempo un entrenador de un importante equipo de primera fue separado de sus funciones porque acostumbraba a insultar a sus jugadores. Si tomamos este ejemplo diría que solo vale el insulto si este fue pensado para generar un cambio positivo en la actitud de un jugador o del grupo. Así las intervenciones de este tipo en el entretiempo muchas veces sirven para lograr despertar algunas fibras dormidas. Otras veces en la entrada en calor, antes de un partido, hay que esperar que se caiga una pelota para intervenir y aplicar enérgicamente la autoridad del entrenador. Se entiende que en estas acciones son las voces más autorizadas del plantel las que se deben oír. Me refiero que seguramente el que diagnostique y elija el momento será el entrenador psicólogo, pero difícilmente sea su voz la que se tenga que oír, entonces llamara al entrenador o al capitán del equipo y le dirá que les pida enérgicamente a sus compañeros o entrenados que se concentren. Aún así, es mi opinión que las intervenciones que tienden a despertar y a generar las endorfinas suficientes para entrar “enchufados” al campo de juego están mas cercana a la arenga que a la crítica.
Así es este "todo vale", pero solo tiene valor si la intencionalidad del señalamiento es pensada antes para buscar el efecto deseado.
Tendríamos que agregar que como dice Willi Railo, la elección del discurso estimulo es muy importante, sobre todo es necesario pensar que la exigencia tendría que dar lugar a la motivación. Por lo tanto, es necesario que pensemos en reforzar el ángulo motivacional y en quitar presión a la exigencia autoritaria.
Por otra parte, las reacciones relacionadas con el "deber" son dominadas por el inconsciente y en la práctica existe una perenne contradicción entre la parte consciente e inconsciente de nuestro psiquismo. De tal forma que, cuando la parte consciente dice "voy a lograr esto", la parte inconsciente dice "no, eso no lo lograrás", imponiéndose generalmente la negación misma que se sustenta en viejas experiencias de aprendizajes inconclusos, erróneos o dolorosos.
Desgraciadamente, las palabras de ánimo que generalmente dicen los técnicos a sus jugadores antes de las competencias, más que fortalecerlos los debilitan, así estos saltan al campo de juego cargados de una grave y seria responsabilidad que se suma a las exigencias de la propia competencia como son rival, público, situación en la tabla, etc. Con lo que la bien intencionada plática del técnico termina produciendo una reacción contraria. Finalmente, un deportista o un grupo con mentalidad ganadora no es aquél que quiere ser lo que no puede ser, sino aquél que conoce perfectamente el capital de fuerzas que posee, sus posibilidades de desarrollo y la cantidad de trabajo necesario para lograr progresar.
Conclusiones
Para concluir, la intención de este trabajo es mostrar algunos aspectos sobre ese otro juego de rugby que es el rugby interno, donde los conceptos de concentración, motivación, grupabilidad, solidaridad y toma de decisiones son los ejes fundamentales.
Por otro lado también es intención de este trabajo analizar la función del psicólogo dentro del cuerpo de entrenadores, ya no como un profesional que aporta su conocimiento desde la limpieza del afuera, sino quien se compromete con su labor como parte de un grupo de trabajo, que analiza y busca los agentes de cambio que permitirán la maduración del grupo y por ende, el mejor resultado humano y deportivo. Es decir una función polivalente.
Otra propuesta de este trabajo es considerar el jugador como una unidad psicofísica que entrena sus cualidades mentales en el momento mismo de su preparación de campo. Como así también es necesario entrenar los aspectos psíquicos grupales que son los que permitirán amalgamar en una unidad grupal al plantel mismo.
Y finalmente, quizás el concepto más importante: Pensar siempre en términos de alineación estratégica. Si el plan y patrones de juego son alineados desde el cuerpo de entrenadores pasando por el grupo y llegando a cada uno de los sujetos que lo conforman, las posibilidades de éxito humano y deportivo son mayores.
Justificaciones
En primer lugar tengo que decir que si bien mi relación con el rugby ha nacido en mis años de juveniles, que he formado parte del desaparecido Zárate Rugby Club, la motivación para trabajar en estos aspectos ligados a la psicología en el rugby, tiene su génesis en el intento de hacer coincidir dos pasiones.
En 1982, año en el que dejo de jugar, me gradúo como psicólogo en la Universidad de Buenos Aires, desarrollo algunos estudios de postgrado en psicología clínica, dinámica de grupos y neuropsicología. Parte de mi actividad laboral es en el área de recursos humanos, especialmente en las áreas de Organización Empresarial, Capacitación y Selección de Personal. Desarrollo una intensa actividad como docente en las facultades de Psicología y Medicina de la Universidad de Buenos Aires y finalmente soy invitado a trabajar como asistente psicológico de técnico en un equipo de fútbol de una divisional de asenso. Dirijo una escuela de postgrado de Psicología Institucional.
Luego de estas experiencias los entrenadores del plantel superior de mi club Arsenal Zárate, me invitan a participar como entrenador psicólogo. Desarrollo mi trabajo durante cuatro años y decido hacer los cursos para entrenadores que ofrece la URBA, simplemente para conocer más profundamente las características del juego actual. Y a solicitud de la Comisión Directiva de mi Club entreno desde hace años planteles juveniles e infantiles. Ocupé los cargos de Delegado y Presidente de la Comisión Directiva de Arsenal Zárate Rugby.